El Papa León XIV tendrá como base durante su visita a la Argentina, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre, la Nunciatura Apostólica, ubicada en la avenida Alvear 1600, en Recoleta.
La sede diplomática de la Santa Sede funciona en el Palacio Fernández Anchorena, una residencia construida a comienzos del siglo XX que tiene detrás una historia de familias de la alta sociedad porteña, presidentes, diplomáticos y hasta otro Papa.

La historia del edificio y de su arquitecto, el francés Édouard Le Monnier, también forma parte de la investigación que la periodista e investigadora urbana Mariela Blanco reunió en sus ensayos sobre Buenos Aires.
La escritora reconstruye no solamente la historia de la actual Nunciatura Apostólica, sino también la de otras obras de Le Monnier y los vínculos entre algunos de los grandes palacios porteños.

“Le Monnier dejó una huella enorme en Buenos Aires y su obra permite leer buena parte de la transformación arquitectónica de la ciudad”, cuenta Blanco a partir de la investigación reunida en sus libros.
Le Monnier nació en París en 1873 y egresó en 1894 de la École Nationale des Arts Décoratifs. Llegó a Buenos Aires el 1° de noviembre de 1896. Participó en casi un centenar de proyectos de distintas tipologías.
Recién llegado al país se asoció con el arquitecto argentino formado en Alemania Carlos Altgelt y comenzó una trayectoria que lo convertiría en uno de los nombres vinculados a la arquitectura francesa de Buenos Aires.

Entre sus obras aparece el Palacio Fernández Anchorena (actual Nunciatura Apostólica), encargado en 1907 por Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena.
La residencia fue proyectada por Le Monnier siguiendo los principios de la arquitectura francesa que predominaban entre las grandes construcciones de la época.
El edificio se destaca por su fachada, sus elementos ornamentales, sus grandes espacios interiores, la cúpula, la loggia de acceso y el gran vestíbulo.
Pero la Nunciatura es apenas una de las obras que permiten seguir las huellas de Le Monnier por la ciudad. Blanco también reconstruye en sus investigaciones la historia de otros edificios relacionados con el arquitecto.

Entre ellos aparece el Yacht Club Argentino de Dársena Norte, con su particular torre y su faro acebollado, una obra que muestra otra de las facetas de Le Monnier y su capacidad para trabajar con distintas tipologías.
También está su controvertida participación en el proyecto del antiguo Palacio del Concejo Deliberante, actual Legislatura porteña.
“Le Monnier se presentó al concurso de 1925 y su propuesta resultó idéntica a la que finalmente quedó asociada al arquitecto Héctor Ayerza. Finalmente, la cuestión de la autoría generó un conflicto y Le Monnier terminó fuera de la disputa. Hay edificios en Buenos Aires cuya historia oficial no alcanza para explicar todo lo que pasó detrás de su autoría”, resalta Blanco.
“El arquitecto también dejó una marca personal en una de sus obras. En una moldura del Banco Argentino Uruguayo, frente a Plaza de Mayo, aparece su propio rostro”, cuenta la periodista.
El Palacio Fernández Anchorena fue encargado en 1907 por Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena. En 1922, el palacio fue alquilado por Marcelo Torcuato de Alvear y su esposa, Regina Pacini, y se convirtió en residencia presidencial.

Años después pasó a manos de Adelia Harilaos de Olmos, una de las grandes benefactoras de la Argentina y una mujer estrechamente vinculada con la Iglesia Católica. Su relación con la Santa Sede tendría un papel decisivo en el futuro del edificio.
La historia de Adelia aparece también en otros capítulos de Tan Buenos Aires (Editorial Dunken). Al reconstruir la historia de la residencia Casey, Blanco cuenta que entre sus propietarias estuvo Teodelina Alvear de Lezica y que posteriormente la adquirió Adelia Harilaos de Olmos, quien remodeló la residencia con la intención de hospedar allí al papa Pío XII.
La previsión de Adelia, sin embargo, no tuvo el resultado esperado. Pío XII finalmente prefirió alojarse en la Nunciatura Apostólica, ubicada muy cerca de aquella residencia.
“Adelia era una mujer muy previsora. Remodeló la residencia Casey pensando en hospedar al Papa, pero finalmente Pío XII eligió quedarse en la Nunciatura”, relata Blanco al reconstruir ese episodio en su investigación.
La relación de Adelia con el Vaticano terminaría siendo todavía más directa. La propiedad de la avenida Alvear fue adquirida por ella y posteriormente decidió donarla a la Santa Sede para que funcionara como sede de la Nunciatura Apostólica.
Adelia murió en 1949 y, a partir de entonces, avanzó el proceso que permitió concretar el nuevo destino del palacio. La Nunciatura quedó instalada allí en 1952 y desde entonces funciona en ese edificio la representación diplomática de la Santa Sede en la Argentina.
La casa que recibió a otro Papa
Antes de León XIV, otro pontífice tuvo como residencia la Nunciatura durante una visita a la Argentina. Juan Pablo II se hospedó allí durante sus dos viajes al país, en 1982 y 1987.
Por su valor histórico y arquitectónico, el Palacio Fernández Anchorena fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2002.
La residencia conserva elementos que permiten reconocer la impronta de Le Monnier, desde su composición exterior hasta la cúpula, la loggia y los espacios interiores.
Ahora el edificio volverá a quedar asociado a una visita papal. En noviembre, León XIV se alojará en la Nunciatura Apostólica y tendrá allí su base durante su estadía en Buenos Aires.
Fuente: Mariela Blanco es periodiodista. Instagram: @marielablancoperiodista

