Walter Ghedin: dejar de medir el sexo por el rendimiento
 

Dr. Walter Ghedin, sexólogo y psiquiatra: “Hay que dejar de medir el sexo por el rendimiento”

El sexólogo analiza el concepto de “sexo suficientemente bueno”, una mirada que propone correrse de la presión por la performance, los orgasmos y los modelos de perfección para recuperar la intimidad, el placer y la conexión en pareja.
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La idea de que cada encuentro sexual tiene que ser intenso, perfecto y terminar necesariamente en un orgasmo puede convertirse en una fuente de presión para las parejas. Frente a esos modelos de rendimiento, el sexólogo y psiquiatra Walter Ghedin propone recuperar una mirada más realista: la del “sexo suficientemente bueno”, un concepto que pone el foco en la intimidad, el placer y la aceptación emocional.

El modelo surgió como respuesta a los ideales de perfección sexual y, según explica Ghedin, resulta especialmente vigente en un contexto en el que las redes sociales, las aplicaciones de citas y los discursos sobre el rendimiento pueden instalar expectativas poco realistas.

No se trata de medir la experiencia sexual por la calidad de la performance, el rendimiento o la cantidad de orgasmos alcanzados”, plantea el especialista. Para este enfoque, la sexualidad puede atravesar distintos resultados, desde encuentros satisfactorios hasta momentos en los que aparecen dificultades o disfunciones, sin que eso implique calificar o descalificar a las personas.

Intimidad, placer y aceptación: las tres claves

Para Ghedin, el modelo se sostiene sobre tres pilares: la intimidad como objetivo, el placer como función y la aceptación emocional mutua como contexto.

Son aspectos dinámicos y flexibles que no deberían convertirse en nuevas exigencias. Por el contrario, la propuesta busca que cada pareja pueda encontrar sus propios modos de encuentro de acuerdo con su historia, sus necesidades y el momento que atraviesa.

“La experiencia sexual no se mide por la calidad de la performance ni por el rendimiento”, sostiene Ghedin. Tampoco debería quedar limitada a las funciones genitales. El modelo amplía la mirada hacia otras prácticas y formas de intimidad que pueden resultar igualmente satisfactorias.

En ese sentido, el sexo puede ser placer, alivio del estrés, juego adulto y, para algunas personas, incluso una forma de unión espiritual.

La propuesta de Metz y McCarthy, retomada por Ghedin, define a los integrantes de la pareja como un “equipo íntimo” o “amigos eróticos”: dos personas que se hacen responsables de su sexualidad y trabajan juntas para construir un estilo de vida sexual cómodo y funcional, adaptado a las diferentes etapas de la relación.

Dr. Walter Ghedin, sexólogo: “El sexo no se mide por la calidad de la performance”

¿Sexo suficientemente bueno significa conformarse?

No. Y ahí está una de las claves del concepto.

La expresión “suficientemente bueno” puede sonar, a primera vista, como sinónimo de resignación. Sin embargo, el planteo apunta exactamente en otra dirección: sacar al sexo de la lógica de la evaluación permanente.

No se trata de aceptar una vida sexual que genera malestar, sino de abandonar la idea de que cada encuentro debe ser extraordinario para considerarse exitoso.

El enfoque prioriza la conexión emocional y la flexibilidad de las actividades sexuales por encima de la penetración, el orgasmo o el desempeño. Así, una experiencia puede ser buena, aceptable o incluso atravesar dificultades sin transformarse automáticamente en un fracaso.

Cómo cambia la sexualidad con la edad

Ghedin también pone el foco en una cuestión que suele quedar relegada: la sexualidad cambia a medida que las personas crecen.

“La personalidad no es un patrón rígido de comportamiento, es dinámica y está sujeta a cambios internos y al contexto social y cultural”, explica. Y si la personalidad cambia, también lo hace la sexualidad.

En la adultez y especialmente durante la mediana edad y los años posteriores pueden aparecer otras maneras de vivir la intimidad. Las caricias, los besos, la comunicación y el contacto adquieren un valor diferente, mientras que la ansiedad y la necesidad de demostrar rendimiento pueden perder protagonismo.

Sin embargo, esa posibilidad de vivir una sexualidad más flexible convive con una fuerte presión cultural por conservar una suerte de “rendimiento juvenil”.

Según Ghedin, las redes sociales, las aplicaciones de citas y el uso de medicamentos vinculados con algunas dificultades sexuales pueden reforzar una mirada centrada en el rendimiento. En ese contexto, el sexo corre el riesgo de volver a convertirse en algo que debe ser demostrado y cuantificado.

Cuando el cuerpo también se convierte en una exigencia

La presión no termina en lo que sucede durante el encuentro sexual. También alcanza al cuerpo.

Los modelos de belleza actuales imponen cuerpos ágiles, musculosos, gráciles y seductores. Para Ghedin, esa exigencia puede influir directamente sobre el estado de ánimo y sobre la predisposición para el contacto sexual.

“El sexo se convierte en una experiencia narcisista que pone a prueba el trabajo que se ha hecho sobre uno mismo”, plantea.

La paradoja es que aquello que debería ser un espacio de placer y conexión puede terminar funcionando como un examen: el cuerpo, el deseo, la respuesta sexual y hasta la capacidad de generar placer quedan sometidos a una evaluación constante.

El modelo de sexo suficientemente bueno propone, justamente, correrse de esa lógica.

¿Hay que planificar el sexo?

Una de las ideas más interesantes de la propuesta de Ghedin aparece en un terreno muy cotidiano: la planificación de los encuentros sexuales.

En las relaciones de largo plazo, explica, muchas actividades ya están planificadas o semiplanificadas. Hay horarios de trabajo, responsabilidades familiares, actividades de los hijos y obligaciones personales.

Por eso, esperar a que aparezca mágicamente un momento perfecto puede ser menos efectivo que buscarlo de manera consciente.

“Agendar un día posible es más efectivo que nunca tener el tiempo para estar juntos”, sostiene.

La idea también cuestiona otro mandato romántico: el de que el deseo solamente es válido cuando aparece de manera espontánea. Para Ghedin, aceptar las condiciones reales de la vida cotidiana permite construir espacios de intimidad sin pelearse con la realidad.

El objetivo es dejar de medir el sexo

En definitiva, el modelo de “sexo suficientemente bueno” propone una pregunta diferente. En lugar de preguntarse si el encuentro fue perfecto, cuánto duró, cuántos orgasmos hubo o qué tan buena fue la performance, invita a pensar qué lugar tuvo la intimidad y cómo se sintieron ambos integrantes de la pareja.

La sexualidad no es un examen que se aprueba o se desaprueba. Es una experiencia que cambia con las personas, con los vínculos y con las distintas etapas de la vida.

Para Ghedin, aceptar esa variabilidad permite recuperar algo esencial: el placer sin la obligación de demostrar nada.

Porque, finalmente, una vida sexual saludable no necesita que cada encuentro sea extraordinario. Necesita que sea propio, posible, compartido y suficientemente bueno para quienes lo viven.

 
   

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