A veces alcanza con abrir una lata de duraznos y tener unas galletitas en la alacena para improvisar un postre que parece mucho más elaborado de lo que realmente es. Esta torta cremosa tiene capas suaves, húmedas y frescas, con una mezcla que queda aterciopelada y un sabor delicado que se disfruta bien fría. Lo mejor: se arma rápido y la heladera hace el resto.
Ingredientes
- 1 lata de duraznos en almíbar
- 1 paquete de galletas de vainilla
- 1 lata de leche condensada (397 g)
- 350 ml de crema de leche
- 190 g de queso crema a temperatura ambiente
- Almíbar de la lata de duraznos
- Rodajas de durazno extra para decorar, opcional
Preparación paso a paso
Paso 1
Primero prepará la mezcla cremosa. En una licuadora colocá la leche condensada, la crema de leche, el queso crema y entre 5 y 6 mitades de durazno en almíbar. Procesá hasta lograr una crema suave, homogénea y sin grumos. El resultado queda espeso, cremoso y con un color apenas durazno.
Paso 2
Reservá el almíbar de la lata en un plato hondo. Pasá las galletitas rápidamente por el líquido para humedecerlas apenas, sin que lleguen a romperse. Este paso ayuda a que las capas queden tiernas y bien integradas.
Paso 3
En un molde o fuente comenzá armando una capa de galletas en la base. Encima agregá una capa de crema de durazno. Repetí el proceso alternando capas hasta terminar los ingredientes. La última capa tiene que ser de crema para que quede bien lisa y tentadora.
Paso 4
Decorá con rodajas de durazno por encima. Si querés darle más brillo y un detalle extra, podés sumar un hilo fino del almíbar reservado.
Paso 5
Tapá el molde y llevá la torta a la heladera durante al menos 4 horas. Si la dejás toda la noche, la textura queda todavía más firme y cremosa.
Paso 6
Servila bien fría, en porciones cuadradas. Las capas quedan suaves, húmedas y con ese contraste entre la crema aterciopelada y las galletitas apenas tiernas que hace que cada cucharada sea súper fresca.
Tips y variaciones
- Para una textura más firme, podés usar queso crema bien frío.
- También queda rica sumando pedacitos de durazno entre las capas.
- Si querés una presentación más prolija, dejala enfriar de un día para el otro antes de cortarla.
- Podés servirla con duraznos frescos por encima para darle un toque más frutal.


