Hay una Mirtha Legrand que todos conocemos. La de los vestidos impecables, las joyas, las luces del estudio y esa mesa desde la que hace décadas pregunta aquello que muchas veces nadie se anima a preguntar.
Pero existe también otra Mirtha.
La que transita sus días en su casa, se informa, escucha radio, se prepara minuciosamente para cada programa y espera el domingo para abrirles la puerta a sus amigos.
A los 99 años, la conductora conserva una vida sorprendentemente activa y, cuando le preguntaron cuál era su secreto para llegar así a esta edad, ella misma evitó hablar de fórmulas extraordinarias. “Soy entusiasta”, resumió. También contó que realiza kinesiología dos veces por semana en su casa, duerme entre siete y ocho horas, come de todo pero en cantidades moderadas y no consume alcohol ni fuma.
Pero quizás exista otro ingrediente difícil de medir: Mirtha sigue teniendo curiosidad.
Mirtha Legrand y una rutina atravesada por la información
Mantenerse informada es una parte central de sus días. La conductora ha contado que escucha radio, mira televisión y lee varios diarios. Y esa curiosidad tiene una razón profesional: Mirtha no llega a su programa sin saber quién se va a sentar frente a ella.

Estudia a sus invitados y trabaja sobre sus biografías antes de cada emisión. A casi siete décadas del comienzo de sus almuerzos televisivos, conserva una disciplina que explica buena parte de su vigencia.
Para ella, trabajar parece ser mucho más que una obligación.
“Me gusta mucho mi trabajo”, reconoció al hablar de su vitalidad. Y esa pasión continúa funcionando como uno de sus grandes motores.
Los hábitos que Mirtha mantiene a los 99 años
Su rutina de cuidado tampoco está atravesada por grandes secretos. Hace kinesiología dos veces por semana en su domicilio, una práctica que, según ella misma contó, le hace bien y la ayuda a mantenerse ágil.
Con la alimentación aplica una regla sencilla: come variado, pero en pequeñas cantidades. No fuma ni toma alcohol y asegura no recurrir a medicamentos para dormir.
El descanso tiene además una particularidad muy Mirtha: la radio suele acompañarla por la noche.
Y aunque la televisión sigue ocupando un lugar central, su mundo no termina cuando se apagan las cámaras.
Le gusta salir, ir al teatro, encontrarse con amigos y mantenerse al tanto de lo que sucede en la escena cultural porteña.
El ritual que Mirtha Legrand no abandona: el té de los domingos
Si existe una costumbre que permite conocer a la Mirtha más íntima es la de sus meriendas de los domingos.
Desde hace décadas, la conductora recibe en su casa a un grupo de amigos. Entre quienes suelen formar parte de esos encuentros aparecen nombres como Teté Coustarot, Gino Bogani, Dany Mañas, Héctor Vidal Rivas, Alejandro Veroutis y Martín Cabrales, entre otros amigos cercanos que fueron acompañándola a lo largo de los años.
Y, como podría imaginar cualquiera que conoce su obsesión por los detalles, tampoco se trata simplemente de poner la pava y sentarse alrededor de una mesa.
Manteles, vajilla, flores y una foto: así son las meriendas de Mirtha
La ceremonia tiene sus propios códigos. Los invitados llegan por la tarde y primero conversan en el living. Después pasan al comedor.
La mantelería y los juegos de té van cambiando, muchas veces siguiendo una misma gama, y en la mesa no falta un arreglo floral. Antes de sentarse llega otro clásico: la foto grupal del domingo.
Después aparece la comida. Sándwiches de miga, budines, masitas y tortas forman parte de una mesa a la que los propios invitados también suelen sumar algo. Y cuando avanza la tarde, la merienda puede transformarse en algo parecido a una cena informal, incluso con pizza y gaseosa. No se sirve alcohol.
Pero lo más importante no está en la vajilla ni en el menú. Está en la conversación.
De política y teatro a las cosas de la vida
En esas tardes se habla de todo. Teatro, actualidad, política, televisión, espectáculos y también, naturalmente, de la vida personal de cada uno. Hay discusiones, recuerdos, anécdotas y risas.
Para una mujer que pasó gran parte de su vida sentada alrededor de una mesa haciendo preguntas, quizás no resulte casual que uno de sus espacios más queridos tenga exactamente esa misma forma.
Una mesa. Pero esta vez sin cámaras.
Los amigos, otro de los grandes pilares de su vida
A los 99 años, Mirtha sigue cultivando vínculos de décadas y también nuevas amistades.
Su té dominical funciona como una pequeña ceremonia contra el paso del tiempo. Algunos nombres cambiaron, hubo ausencias inevitables y se sumaron otras personas, pero el ritual sobrevivió.
Incluso en febrero de 2026, apenas horas antes de cumplir 99 años, Mirtha mantuvo la tradición y recibió a sus amigos en su departamento para compartir la merienda. El encuentro se extendió durante varias horas.
Quizás ahí también haya una pista para entender su vitalidad.
A los 99, Mirtha sigue haciendo planes
Cuando se intenta encontrar una explicación para la extraordinaria vigencia de Mirtha Legrand, inevitablemente aparecen la disciplina, los cuidados y una vida ordenada.
Pero escuchándola hablar surge algo más sencillo. Tiene ganas. Ganas de trabajar. De saber qué pasa. De ir al teatro. De vestirse para una noche especial. De preguntar. De recibir gente. De sentarse alrededor de una mesa.
Y quizás su vida cotidiana revele que uno de sus rituales más importantes no tiene demasiado misterio: seguir teniendo algo que esperar al día siguiente.
En el caso de Mirtha, puede ser un programa, un estreno, una conversación o simplemente otro domingo rodeada de amigos.
Archivo: Gustavo Ramírez

