Cambia la temporada y también se renueva la paleta de colores. En las pasarelas, los tonos suaves conviven con otros más profundos y aparecen nuevas combinaciones que trasladan a la ropa esa sensación de renovación que nos contagia la primavera.
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En el corazón de esta narrativa cromática aparecen cinco tonos con personalidades muy diferentes. El verde menta aporta una sensación de frescura y armonía; el amarillo se vuelve más empolvado, casi vainilla; el ciruela gana profundidad; el Cloud Dancer, elegido por Pantone como color del año 2026, confirma el protagonismo del blanco; y el azul Maya llega para tomar el lugar que durante las últimas temporadas ocupó el azul bebé.
La clave está en observar cómo los diseñadores los combinan y qué posibilidades ofrecen más allá de un look monocolor.
Verde menta: el tono empolvado que sigue vigente
Entre los colores suaves, el verde menta continúa entre los preferidos de las que más saben de moda y también de los diseñadores. Su mejor versión aparece muchas veces en estilismos monocolor, aunque su versatilidad permite llevarlo tanto durante el día como en propuestas de noche.

Balenciaga lo presentó con plumas, Valentino apostó por los drapeados y Victoria Beckham lo llevó hacia las asimetrías y los tejidos con flores. El resultado es un tono delicado que conecta referencias naturales con una estética urbana y sofisticada.

Durante el día funciona especialmente bien combinado con neutros y marrón chocolate. Para la noche, en cambio, puede contrastarse con metalizados o negros profundos.

Amarillo empolvado: del manteca al vainilla
Si el amarillo manteca fue uno de los colores protagonistas del verano pasado, la próxima temporada el amarillo continúa entre los favoritos, aunque ahora se presenta en una versión más empolvada, cercana al vainilla.

Chanel lo llevó a un vestido de punto con flores blancas en la cadera y el bajo. Valentino apostó por un traje con blazer, mientras que Balenciaga presentó una propuesta de fiesta con flores 3D en el desfile de Pierpaolo Piccioli.

El blanco es una de las combinaciones más fáciles, al igual que el look monocolor. Pero las pasarelas también mostraron alternativas menos previsibles.
En Valentino y Loewe, el amarillo se encontró con el rojo y el negro en dos propuestas muy diferentes. Balenciaga optó por una combinación más moderada con zapatos color taupé. Romeo Gigli y Grace Wales Bonner para Hermès, por su parte, coincidieron en mezclarlo con azul klein.

En la calle también apareció acompañado por blanco, verde oscuro y gris.
Ciruela: el nuevo tono profundo para la noche
El ciruela cambia de matiz. Si durante el invierno 2025 aparecía como un morado intenso, para el verano de 2026 se presenta como un tono más maduro que, dependiendo de la propuesta, puede acercarse al burdeos, la mora o incluso al marrón chocolate.

Su versatilidad es precisamente una de sus grandes fortalezas. Puede funcionar como alternativa al negro y adoptar distintas personalidades según la textura y la silueta.

Anthony Vaccarello lo llevó hacia la opulencia en un vestido para Saint Laurent, mientras que Simorra y Alaïa mostraron su costado más elegante. Céline, por su parte, lo convirtió en una opción festiva en un mini vestido de lentejuelas combinado con zapato plano.

Para combinarlo, el negro aparece como una apuesta segura. Pero también funciona con rojo, como demostraron Céline y Alaïa mediante accesorios como bolsos y sandalias. Otra posibilidad que aparece entre las expertas en moda es mezclar diferentes tonalidades de ciruela dentro de un mismo look.
Cloud Dancer: el blanco nube que eligió Pantone
Para la nueva temporada, el tono también aparece en numerosas colecciones. Su gran ventaja es evidente: el blanco, o “no color”, según cómo se lo interprete, combina prácticamente con todo. Pero esta temporada además se presenta a través de diferentes texturas y códigos estéticos.

Chloé y Zimmermann lo llevaron hacia vestidos boho de algodones bordados y puntillas de encaje, actualizando una suerte de nuevo estilo ibicenco. Yamamoto apostó por siluetas vaporosas, mientras que Chanel y Victoria Beckham incorporaron plumas.

También vuelve una combinación clásica: blanco y crema, como en la chaqueta de Céline.

La clave para llevar el Cloud Dancer está justamente en jugar con las texturas. Puede ser satinado, vaporoso o aparecer en algodones bordados con un aire vintage. Para una propuesta más arreglada, el negro recupera su lugar como contrapunto, en ese eterno bicolor asociado a Chanel.

Y si un total look blanco de pies a cabeza resulta demasiado uniforme, los accesorios pueden aportar color. Otra opción es recurrir a bordados multicolores, como los que aparecen en algunas propuestas de denim.
Azul Maya: el nuevo azul con carácter
El baby blue tuvo su momento y, aunque sigue siendo un clásico, esta primavera deja paso al azul Maya. El tono toma su nombre de un pigmento natural que puede verse en los murales de Chichén Itzá, en México, y que aparece entre las propuestas de Dior, Prada y Miu Miu.

La diferencia con el celeste bebé está en su intensidad: mantiene la versatilidad de los tonos celestes, pero suma algo más de carácter. Por eso puede funcionar como una suerte de nuevo neutro, adaptable a distintos estilos y momentos del día.

Los blancos, marfiles y tonos arena son compañeros naturales. Sin embargo, en las pasarelas aparece especialmente combinado con dos colores que le aportan contraste y profundidad: el negro y el marrón chocolate.

Así, la nueva paleta de primavera propone opciones muy diferentes entre sí: tonos empolvados para quienes buscan suavidad, colores profundos para la noche y dos grandes protagonistas —el Cloud Dancer y el azul Maya— que funcionan como bases para construir looks con personalidad.

Fotos: Pinterest

