En 2023, Ernesto Raffo hablaba con Para Ti de su vida como papá viudo y de cómo había encontrado en las redes sociales una forma de contar su historia y seguir adelante junto a Guillermina, la hija que tuvo con Betina, quien murió de cáncer de mama. Tres años después, su vida cambió: volvió a enamorarse, está en pareja con Gabriela y apuesta a construir una familia ensamblada. En el camino hay ilusión, aprendizajes y dificultades, pero también una certeza que hoy resume su presente: “El amor se multiplica”.
“Me siento afortunado a pesar de que la vida me dio varios golpes”, decía Ernesto Raffo en aquella entrevista de octubre de 2023 con Para Ti. Por entonces, compartía en sus redes las aventuras cotidianas con Guille, que tenía seis años, y mostraba cómo era criarla solo después de la muerte de Betina, su esposa y el amor de su vida.
Dos años después de enviudar, había empezado a contar su historia en TikTok, en parte como una forma de hacer terapia y en parte para transmitir un mensaje: se podía salir adelante y volver a ser feliz. Lo que comenzó como una manera de poner en palabras su experiencia terminó convirtiéndose en un trabajo.

“Esos fueron mis comienzos en las redes, donde empecé a contar lo que era ser viudo y criar a una nena solo. Empecé a descubrir una vocación que terminó siendo un oficio”, cuenta hoy. Con el tiempo, dejó de centrarse únicamente en la viudez y empezó a mostrar el estilo de vida de una familia monoparental. Así, las redes sociales se convirtieron en su trabajo.
Pero en estos tres años también hubo cambios puertas adentro. Guille creció, empezó a desarrollar su propia personalidad y Ernesto tuvo que aprender a acompañarla desde otro lugar. Y, mientras su hija entraba en la preadolescencia, él también comenzaba una nueva etapa sentimental que hoy lo encuentra construyendo una familia junto a Gabriela y los hijos de ella.

Ernesto Raffo y su nueva vida junto a Gabriela: volver a apostar al amor
Después de perder a Betina, Ernesto reconoce que volver a vincularse sentimentalmente no fue sencillo. Durante un tiempo, las relaciones que intentó no prosperaron y decidió concentrarse en sí mismo, en su salud y en su estilo de vida. Hasta que, en 2024, sintió que estaba preparado para volver a compartir su vida con alguien.
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“En un momento dije: ‘Bueno, basta. Me voy a dedicar a mí 100%’. Empecé a hacer mi camino de estar solo y me enfoqué mucho en bajar de peso y en un montón de cosas de mi estilo de vida, en estar bien”, recuerda.

Con el tiempo, sin embargo, apareció otro deseo. “Llegué a un punto en el que dije: ‘Che, quiero compartir con alguien, estoy dispuesto a abrirme a una relación’”.
Las primeras experiencias no funcionaron, pero Ernesto no abandonó la idea de volver a formar una pareja. “Yo siempre digo que desde 2024 nunca perdí las ganas. Ante la frustración de que una pareja no funcione, yo voy a seguir, porque quiero compartir mi vida con alguien, quiero estar con alguien, quiero volver a formar una familia”.
Ese deseo hoy encuentra un lugar en su relación con Gabriela, con quien comparte gran parte de su vida cotidiana aunque aún no conviven. “Está bueno llegar a la noche y charlar con alguien por teléfono. Con Gabi nos hablamos todos los días, nos vemos casi todos los días, hablamos todo el tiempo, nos llamamos todo el tiempo. Compartimos un mundo de cosas. Esto es lo que yo estaba buscando”, cuenta.

Ernesto sabe que empezar una relación después de una historia de amor tan importante también implica cargar con temores e inseguridades. “Cada relación que empezás nueva, tenés todos los miedos y encima acarreás todos los miedos de la relación anterior. Decís: ‘Che, esto me pasó con alguien y no quiero volver a repetirlo’. Y tenés un vagón de miedos”.
Por eso, para él, la comunicación es fundamental. “La relación que tengo con Gabriela es que hablamos todo, todo. Hasta las charlas más difíciles nos sentamos y las charlamos. Nuestro fuerte es la comunicación. Yo creo que ahí nace todo este amor, de poder hablarnos y decirnos las cosas que nos duelen, que queremos, pero siempre lo charlamos, nunca nos callamos”.

La historia de amor que también se convirtió en un proyecto compartido
Ernesto y Gabriela decidieron reservarse algunos detalles de cómo se conocieron. Sin embargo, hay una parte de su historia que sí comparten: el emprendimiento de chipá de ella, que él ayudó a impulsar a través de las redes sociales.
Gabriela es correntina y desde hace tiempo se dedica a preparar chipá. Cuando Ernesto vio la posibilidad de sumar su experiencia en redes al proyecto, le propuso trabajar juntos. La idea dio lugar a una serie de videos en los que él la presentaba como la chica a la que invitaba a salir y que, además, le llevaba chipá.
Así, Gabriela comenzó a ser reconocida por los seguidores de Ernesto. Incluso, un día, en la puerta del colegio de sus hijos, alguien se acercó a preguntarle si era “la chica del chipá de TikTok”.

La exposición, sin embargo, no es algo que ella busque de la misma manera que él. De hecho, Ernesto recuerda una conversación que refleja cómo cuidan su intimidad: “Un día me dijo: ‘Te voy a silenciar las historias porque la realidad es que quiero saber por tu boca cómo te fue en el día y no por las redes’”.
Para Ernesto, que convirtió su vida cotidiana en parte de su trabajo, ese comentario también fue una forma de marcar la diferencia entre lo que comparte con sus seguidores y lo que pertenece exclusivamente a la pareja.

El desafío de construir una familia ensamblada
Cuando Betina murió, Ernesto sintió que había perdido a su familia. Con el tiempo, aprendió a construir una nueva dinámica junto a Guille, los dos solos. Sin embargo, el deseo de volver a tener una familia siguió presente.
“Cuando fallece Betina, yo dije: ‘Che, me quedé sin la familia’. Obviamente, Guille siempre va a ser mi familia, pero después aprendí a tener una familia monoparental, que éramos dos”, cuenta.
Por eso, cuando Gabriela y sus hijos llegaron a su vida, la posibilidad de formar una familia ensamblada lo entusiasmó. Pero la realidad también lo enfrentó a una serie de desafíos que no siempre había imaginado.

“De golpe apareció la familia ensamblada y dije: ‘La puta madre, ¿por qué quería esto?’”, admite entre risas. Y enseguida aclara que la experiencia tiene aspectos muy positivos, pero también exige un trabajo cotidiano. “De golpe somos cinco, cada uno con su dinámica, cada uno con sus temas. Y nosotros, los adultos, imaginate”.
Para Guille, el cambio fue especialmente grande. Durante seis años había compartido la vida con su papá sin tener que repartir ese vínculo con otras personas en el día a día. De pronto, tuvo que empezar a encontrar su lugar en una familia que se estaba reorganizando.
“Guille estuvo seis años sola conmigo. Y de golpe tiene que compartir a su papá no con una, sino con tres personas. Esto es un tema”, explica Ernesto, que reconoce la importancia del acompañamiento terapéutico durante el proceso.

En ese camino, destaca especialmente el lugar que ocupa Gabriela. “Gabi se puso la 10. Ahí es donde yo la admiro profundamente, porque no cualquiera se arremanga la bota y se mete donde se metió”.
Ernesto cuenta que su pareja lo acompaña a reuniones con la terapeuta de Guille y a encuentros en el colegio, y que está pendiente de cómo transita su hija esta nueva etapa. Para él, esa disposición es una muestra concreta de su compromiso con el proyecto familiar.
“Ella sola se arremangó la bota y se puso al frente de un montón de cosas. Desde venir conmigo a las reuniones con la terapeuta, a las reuniones del colegio, de estar todo el tiempo pendiente y al pie del cañón para con Guille”, cuenta.

Los chicos, mientras tanto, van construyendo sus propios vínculos, con momentos de complicidad y también peleas, como sucede entre hermanos. Ernesto observa que los más grandes hoy se llevan mejor y que, poco a poco, todos se van hermanando.
“Va fluyendo, va fluyendo eso. Eso es lo importante”, dice.
Cómo vive Guillermina la llegada de Gabriela a su vida
Ernesto no oculta que la adaptación de su hija es una de las partes más sensibles de este proceso. Aunque Guille quiere mucho a Gabriela, también atraviesa momentos de celos y necesita encontrar su espacio dentro de esta nueva dinámica.
“Al principio era todo muy lindo, pero de repente empezó a buscar su espacio, sus límites. Muy hija única, muy toda suya con su papá, como diciendo: ‘Esto es mío, esto no lo toquen’”, cuenta.

También aparecen preguntas y situaciones propias de ese vínculo: por qué su papá sale con Gabriela sin ella o por qué comparte determinados momentos con su pareja. Ernesto entiende que esas emociones forman parte de la adaptación y que necesitan ser escuchadas, sin apurar los tiempos de su hija.
“Le cuesta un poco, pero para eso también está la terapeuta, que ayuda un montón. Obviamente, los adultos tenemos que hablarle y darle todas las herramientas y respuestas que necesita ante esta nueva dinámica”, explica.
En las conversaciones con Guille, Ernesto intenta transmitirle que la llegada de Gabriela no significa que vaya a perder el lugar que tiene en su vida. También le habla de la importancia de contar con una figura femenina cercana durante su crecimiento, aunque reconoce que el proceso no es sencillo.

“Yo podía haber seguido la sencilla. Me podía haber quedado solo con vos toda la vida”, le dice a su hija. Pero también intenta explicarle que construir algo nuevo implica atravesar momentos difíciles.
“Lo que uno quiere también cuesta y es un laburo, es trabajar y trabajar. No es un camino lineal: pensás que mejoró y no mejoró, y vuelve para atrás”.
Por eso, aunque valora los avances, Ernesto evita idealizar el proceso. Sabe que una familia ensamblada no se construye de un día para el otro y que cada integrante necesita tiempo para adaptarse.
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Una nueva manera de contar su vida en las redes
La llegada de Gabriela también modificó la forma en que Ernesto se muestra en las redes sociales. En 2023, cuando habló con Para Ti, compartía muchas escenas de su vida cotidiana con su hija y encontraba en esos videos una forma de procesar su historia y acompañar a otras personas que atravesaban situaciones similares.
Hoy, su hija está creciendo y él siente que debe cuidar más su intimidad. También tiene en cuenta que ya no está solo a la hora de decidir qué mostrar: Gabriela tiene sus propios límites con la exposición y hay otros adultos involucrados en la vida de los chicos.

“Me encantaría contar un montón de estas cosas en las redes, pero no las puedo contar porque tengo del otro lado a Gabi, que mucho no quiere salir. Me dice: ‘Es tu trabajo, no es mi trabajo. Te hago la gamba, te filmo todo eso, pero a veces no quiero salir’”, relata.
Con Guille, el cuidado es todavía mayor. Ernesto entiende que, a medida que crece, necesita preservar aspectos de su vida que antes compartía con naturalidad.
“Ya no puedo exponer muchas de las cosas que le pasan a Guille. Yo nunca hablé ni siquiera en redes de que Guille va a terapia”, explica.

Por eso, su cuenta fue cambiando de enfoque. Hoy muestra más su experiencia como papá, su día a día y sus proyectos laborales, pero dejó de exponer con el mismo nivel de detalle las situaciones más íntimas de su familia.
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“Hoy mi cuenta ya se fue por el lado de la vida de un papá. Voy contando un día a día con las cosas que pasan, mi emprendimiento, esto o lo otro. Pero ya no como al principio de la viudez, cuando contaba y contaba y lo usaba como terapia un montón. Hoy en día no puedo, porque tengo mis limitaciones por todos lados, porque ya no estoy más solo”.

Betina, una presencia que sigue acompañándolo
En medio de todos estos cambios, Betina continúa ocupando un lugar fundamental en la vida de Ernesto. La buena relación que conserva con la familia de su primera esposa también permitió que Gabriela y sus hijos fueran recibidos con cariño.
Ernesto cuenta que Gabriela comparte almuerzos y cenas con la abuela de Guille, la mamá de Betina, que también participa de los cumpleaños y que mantiene una buena relación con la hermana de su primera esposa. Incluso, para el Día del Niño, la abuela Betty les hizo regalos a los hijos de Gabriela.

Para él, esos gestos tienen un significado especial. En medio de la tristeza por la pérdida, siente que hay una forma de afecto que sigue acompañándolo y que permite ampliar los vínculos sin borrar la historia que vivió con Betina.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando, por primera vez, fueron los cinco a llevarle flores. Estaban en el lugar donde descansan los restos de Betina. Guille preparó un ramito, Gabriela la ayudó y fue la propia nena quien le pidió a la nueva pareja de su papá que la acompañara.
“Fuimos los cinco a llevarle flores a Betina”, cuenta Ernesto, todavía conmovido por el recuerdo.
La escena tuvo un valor especial porque no fue una decisión impuesta por los adultos, sino una invitación que nació de Guille. Gabriela respetó su lugar y la acompañó en un momento que forma parte de su historia familiar.
El Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama y el recuerdo de Betina
El compromiso de Ernesto con las actividades de concientización sobre el cáncer de mama también está ligado a su historia con Betina, quien atravesó la enfermedad y murió hace seis años. Cada año, participar de estas iniciativas lo enfrenta a emociones que siguen muy presentes.
En los días previos a la caminata contra el cáncer de mama organizada por una marca de cosméticos, Ernesto vuelve a encontrarse con ese sentimiento. Recuerda especialmente el momento en que recibe la remera del evento y ve el espacio en blanco donde debe escribir por quién camina.
“Yo siempre camino por Betina. Cuando vi el espacio en blanco, me puse a llorar”, cuenta. Y al hablar del tema, vuelve a emocionarse: “Es una herida”.

Ernesto no esconde ese dolor ante Gabriela. Por el contrario, dice que puede hablar de Betina con ella y mostrarle su vulnerabilidad. Para él, la posibilidad de compartir lo que siente es parte del vínculo que construyeron.
La muerte de Betina cambió su vida para siempre, pero no anuló su deseo de volver a amar ni de construir un futuro. Hoy, seis años después de su pérdida, Ernesto transita una nueva etapa que no está exenta de dificultades, pero que también le permite descubrir otras formas de familia, de compañía y de amor.

“Siempre digo: el amor se multiplica”, afirma.
Y en esa frase conviven su historia con Betina, el vínculo que construyó con Guille y el proyecto que hoy comparte con Gabriela y los chicos. Una familia que todavía está aprendiendo a encontrar su propia dinámica, con sus tiempos, sus desafíos y sus momentos de felicidad.
Fotos: Chris Beliera






