Cáncer de mama: 5 mitos que es importante desterrar
 

Cáncer de mama: 5 mitos que todavía creemos y es importante desterrar

En el mes de concientización sobre el cáncer de mama, la Dra. María Carlota Lucini, especialista en Medicina Reproductiva, explica cuáles son las creencias más frecuentes sobre la enfermedad y por qué es importante conocer la información correcta para cuidar la salud y consultar a tiempo.
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En octubre, el mes de concientización sobre el cáncer de mama, la información y la detección temprana vuelven a ocupar un lugar central. Aunque los controles periódicos son fundamentales, todavía circulan creencias que pueden generar una falsa sensación de seguridad, demorar una consulta o llevar a confusiones sobre cómo prevenir y detectar la enfermedad.

¿Es cierto que el cáncer de mama solo afecta a quienes tienen antecedentes familiares? ¿Las mujeres jóvenes están fuera de riesgo? ¿El autoexamen reemplaza a la mamografía? Para despejar estas dudas, la Dra. María Carlota Lucini (MN 123.528), especialista en Medicina Reproductiva en Halitus Instituto Médico, explica en esta nota los cinco mitos más frecuentes sobre el cáncer de mama y brinda información clave para cuidar la salud mamaria.

Además, aborda un aspecto importante para las mujeres que reciben un diagnóstico en edad reproductiva: las posibilidades de preservar la fertilidad antes de iniciar determinados tratamientos.

Mito 1: “Si no tengo antecedentes familiares, no puedo tener cáncer de mama”

Falso. Casi 9 de cada 10 mujeres con diagnóstico de cáncer de mama no tienen ningún familiar directo con la enfermedad. Los cánceres hereditarios, como los asociados a mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, representan solo alrededor del 5 al 10% de los casos.

El principal factor de riesgo es, simplemente, ser mujer y tener más años. Tener antecedentes familiares aumenta el riesgo y puede cambiar cuándo y cómo controlarse. No tenerlos no significa estar protegida. Todas las mujeres necesitan sus controles.

Mito 2: “Si soy joven, no tengo que preocuparme”

Falso. Es menos frecuente, pero puede ocurrir. La mayoría de los casos se diagnostican después de los 50 años. Sin embargo, una proporción de mujeres recibe el diagnóstico antes de los 40. En ellas, el tumor suele detectarse más tarde, porque ni la paciente ni, a veces, el equipo de salud piensan en esa posibilidad.

"El principal factor de riesgo del cáncer de mama es, simplemente, ser mujer y tener más años".

Por eso, a cualquier edad, un cambio en la mama merece una consulta. Hay un aspecto que muchas veces se pasa por alto: en una mujer joven, el diagnóstico llega a menudo antes de haber completado su proyecto de maternidad. Algunos tratamientos, como la quimioterapia, pueden afectar la reserva ovárica.

Hoy existen opciones para cuidar la fertilidad, como la vitrificación de óvulos o de embriones, con protocolos seguros para este tipo de tumores. Lo ideal es hablarlo antes de empezar el tratamiento oncológico. En la mayoría de los casos, esto puede hacerse en pocas semanas, sin postergar el tratamiento.

Mito 3: “El autoexamen reemplaza la mamografía”

Falso. Conocer las propias mamas es valioso: ayuda a notar cambios y a consultar a tiempo. Pero la mamografía detecta lesiones mucho más pequeñas, antes de que puedan palparse. Esos son los tumores que se tratan con mejores resultados y, muchas veces, con cirugías menos extensas.

Los estudios mostraron que el autoexamen por sí solo no reduce la mortalidad. La mamografía de rutina, en cambio, sí lo hace en las edades recomendadas. Son herramientas complementarias: una no reemplaza a la otra.

¿A partir de qué edad y con qué frecuencia? La Sociedad Argentina de Mastología recomienda una mamografía anual a partir de los 40 años en mujeres sin síntomas, con controles clínicos normales y sin antecedentes de la enfermedad.

Si una familiar de primer grado (madre o hermana) tuvo cáncer de mama, se aconseja comenzar 10 años antes de la edad en que a ella se le diagnosticó. En cada caso, el médico puede ajustar estos controles según el riesgo individual.

Mito 4: “Si encuentro un bulto, significa que tengo cáncer”

Falso. En la mayoría de los casos, no. La mayoría de los bultos que se detectan en la mama son benignos. Pueden ser quistes, fibroadenomas o cambios propios del ciclo hormonal, sobre todo en mujeres jóvenes.

Esto no quiere decir que haya que ignorarlos. Todo bulto nuevo necesita una evaluación médica, generalmente con ecografía, mamografía o ambas. Si es necesario, se hace una biopsia. Consultar pronto sirve para quedarse tranquila o para empezar a tiempo si hace falta. En ambos casos, esperar no ayuda.

Mito 5: “Si me hice una mamografía hace poco, cualquier cambio puede esperar”

Falso. La mamografía es un excelente estudio, pero no es infalible. Algunos tumores no se ven, sobre todo en mamas densas, frecuentes en mujeres jóvenes. Otros pueden aparecer en el intervalo entre un control y el siguiente.

Un estudio normal refleja cómo estaba la mama ese día, no es una garantía hasta el próximo control. Ante cualquier cambio hay que consultar, aunque la última mamografía haya sido reciente.

Algunas señales a las que conviene prestar atención son:

  • Un bulto nuevo.
  • Retracción de la piel o del pezón.
  • Secreción por el pezón, sobre todo si es con sangre.
  • Enrojecimiento o piel con aspecto de “naranja”.
  • Un ganglio en la axila.

En síntesis, el cáncer de mama puede afectar a cualquier mujer, con o sin antecedentes y a distintas edades. Los controles periódicos y la consulta oportuna ante cualquier cambio siguen siendo herramientas fundamentales para la detección temprana. Y si el diagnóstico llega en edad reproductiva, preguntar por la preservación de la fertilidad antes del tratamiento también forma parte del cuidado integral de la salud.

 
   

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