El cáncer de mama no solo presenta desafíos médicos. También plantea una pregunta urgente: ¿cómo comunicar información sensible, compleja y decisiva en un contexto atravesado por mitos, contenidos falsos y promesas sin evidencia?
Para reflexionar sobre este escenario, periodistas de distintos medios participaron de un encuentro junto con profesionales del Instituto Alexander Fleming (IAF), Becton Dickinson (BD) y Florencia Ballarino, jefa de Redacción y líder de Chequeado Ciencia.
La jornada reunió tres miradas complementarias: la importancia de prevenir y detectar la enfermedad a tiempo, los avances que permiten obtener diagnósticos más precisos y el papel de quienes comunican frente a la desinformación en salud.
Cáncer de mama: separar la señal del ruido
La doctora África Piñeiro, especialista en mama y coordinadora del Servicio de Diagnóstico por Imágenes del Instituto Alexander Fleming, abordó la situación del cáncer de mama en la Argentina y puso el acento en una idea central: los mitos y los datos no compiten en igualdad de condiciones.
Los contenidos falsos suelen apelar al miedo, la esperanza o la indignación, emociones que favorecen su circulación. Frente a ese “ruido”, la información médica necesita ser clara y cercana para que las mujeres puedan tomar decisiones con mayor seguridad.

Piñeiro explicó que existen factores de riesgo que no pueden modificarse, como la edad, los antecedentes familiares o ciertas condiciones hereditarias. Sin embargo, también hay hábitos que pueden contribuir a disminuir el riesgo: mantener una vida activa, cuidar el peso corporal, reducir el consumo de alcohol y no fumar.
La especialista remarcó que estos cuidados no reemplazan los controles médicos. La estrategia de detección debe adaptarse a cada mujer, de acuerdo con su edad, sus antecedentes, su nivel de riesgo y la densidad mamaria.
Evaluar el riesgo desde edades tempranas y acordar con el equipo médico cuándo comenzar y con qué frecuencia realizar los estudios permite construir un seguimiento personalizado.
Conocer el cuerpo no reemplaza los controles
Otra de las ideas importantes fue diferenciar el conocimiento del propio cuerpo de los estudios de detección. Observar las mamas puede ayudar a reconocer cambios y consultar ante la aparición de un bulto, secreciones, modificaciones en la piel, hundimientos o alteraciones del pezón.
Pero el autoexamen no reemplaza la mamografía ni los controles indicados por profesionales. Tampoco es necesario esperar a sentir algo para pedir una consulta: el objetivo del control es detectar posibles lesiones antes de que produzcan síntomas.
Durante la presentación también se revisaron creencias frecuentes que circulan en redes, como que una mamografía puede provocar cáncer, que una ecografía reemplaza cualquier otro estudio o que realizar una biopsia puede “despertar” o extender la enfermedad. Estos mensajes, además de ser incorrectos, pueden generar miedo y demorar consultas.
El mensaje más alentador fue contundente: cuando el cáncer de mama se detecta en etapas tempranas, la supervivencia supera el 90 %.
Diagnóstico oportuno: información y tecnología para decidir mejor
La segunda exposición estuvo a cargo de Ayelén Caamaño, especialista para el segmento intervencionista de Becton Dickinson, quien explicó el papel de las biopsias mamarias guiadas por imágenes y de las tecnologías que permiten obtener diagnósticos más precisos.
Según detalló, la elección del procedimiento depende de la lesión, el método con el que fue identificada, su ubicación y las características de cada paciente. Las biopsias pueden realizarse con guía ecográfica, mamográfica, por resonancia magnética o con mamografía con contraste.
Entre las herramientas disponibles se encuentra la biopsia asistida por vacío, que permite obtener una mayor cantidad de tejido y reducir la posibilidad de resultados insuficientes o falsos negativos en determinados casos. También existen procedimientos que, ante lesiones benignas seleccionadas, pueden evitar una cirugía convencional.

El avance tecnológico no busca reemplazar el criterio profesional, sino aportar información más completa para tomar mejores decisiones. La inteligencia artificial, por ejemplo, puede funcionar como una segunda mirada en la interpretación de imágenes, siempre acompañada por especialistas.
El impacto también alcanza a las pacientes: los procedimientos menos invasivos pueden realizarse de manera ambulatoria, con anestesia local, incisiones pequeñas y una recuperación más breve.
Desinformación en salud: un problema con consecuencias reales
La periodista Florencia Ballarino, líder de comunicación de Chequeado Ciencia y presidenta de la Red Argentina de Periodismo Científico, presentó un panorama sobre la desinformación en salud en tiempos de inteligencia artificial.
No se trata solamente de publicaciones equivocadas. La desinformación puede hacer que una persona demore una consulta o un diagnóstico, rechace un tratamiento, recurra a remedios sin evidencia o atraviese el proceso con mayor ansiedad y confusión. También deteriora la confianza en los profesionales, las instituciones y el conocimiento científico.

En el caso del cáncer circulan contenidos que atribuyen la enfermedad a una única causa, prometen métodos de prevención “milagrosos”, exageran los resultados de una investigación o presentan testimonios personales como si fueran pruebas científicas.
A este escenario se suma la inteligencia artificial, capaz de generar videos, audios e imágenes falsas cada vez más difíciles de reconocer. Cuando esas piezas reproducen la apariencia o la voz de supuestos especialistas, pueden adquirir una credibilidad peligrosa.
Cómo comunicar con rigor sin perder empatía
Frente a este panorama, Ballarino propuso trabajar sobre tres herramientas: alfabetización mediática y en salud, prebunking y debunking.
La alfabetización permite aprender a evaluar fuentes, reconocer conflictos de interés, diferenciar evidencia de opinión y comprender cómo influyen nuestros propios sesgos al elegir qué información creer.
El prebunking —o “teoría de la inoculación”— consiste en explicar de antemano cómo funcionan las estrategias de manipulación para que las personas puedan reconocerlas antes de encontrarse con ellas.
El debunking se aplica cuando la información falsa ya está circulando. Para desmentirla eficazmente no alcanza con afirmar que algo es falso. Es necesario escuchar sin juzgar, reconocer la preocupación de la persona, explicar qué se sabe, admitir aquello que todavía presenta incertidumbre y ofrecer fuentes confiables.
Porque comunicar sobre salud también exige comprender el miedo, la angustia y la necesidad de encontrar respuestas rápidas que pueden existir detrás de una consulta.
“Combatir la desinformación en salud no es solo desacreditar lo falso, sino también lograr que la gente confíe más en lo verdadero”, fue una de las conclusiones del encuentro.
La jornada dejó así una enseñanza compartida entre especialistas y periodistas: un diagnóstico preciso es el punto de partida para tomar mejores decisiones, pero una comunicación clara, responsable y empática también forma parte del cuidado.

