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Activá tu “botón antipánico”: elegí pensamientos positivos para fortalecerte

Una columna exclusiva de Natalia Barrera, coach y creadora de Alquimia Femenina, sobre lo que produce el miedo en nuestro sistema inmunológico.

Todas las emociones se pueden contagiar. Es por eso que muchas veces cuando escuchamos a una persona quejarse o con una actitud pesimista ante una situación, nos sentimos sin energía y cabizbajos.

En cambio podemos sentirnos completamente diferentes cuando estamos con personas con un estado más positivo ante la vida, ya que nos trasmiten energía y optimismo.

Cada vez que sentimos una emoción, sea cual sea, es debido a que recibimos una información del exterior en base a una interpretación subjetiva. Por eso, frente a una misma situación varias personas pueden “percibirlo diferente”, pues la “realidad” es diferente para cada persona.

La única verdad es la realidad… y las emociones

A través de nuestros sentidos percibimos nuestra realidad, y de ahí nacen los pensamientos que liberan una química específica a nuestro cuerpo físico que nosotros llamamos “emociones”. Las emociones se contagian al igual que el bostezo, esto sucede por las neuronas espejos las cuales son fundamentales para el aprendizaje.

Estas neuronas se activan desde el nacimiento y nos permiten desde bebés imitar los movimientos de los adultos e ir aprendiendo. Por tanto, son la base de la capacidad innata de imitación.

Estudios neurocientíficos afirman que las neuronas espejo no solo se restringen a la simulación de las acciones motoras, sino que consideran que también están implicadas en el proceso de simulación de las intenciones de los demás. Es decir, que son útiles para inferir las intenciones de otras personas.

De hecho, se ha apreciado que algunas zonas del cerebro vinculadas a las emociones se activan como si nosotros las experimentáramos cuando vemos a otras personas vivenciándolas.

Las (malas) influencias de las emociones negativas

El miedo, la preocupación y el estrés constante debilitan nuestro sistema inmunológico. Tenemos más de 60.000 pensamiento diarios, y si predomina la tendencia a pensar negativamente, esos pensamientos se van acumulando convirtiéndose prácticamente en veneno para nuestras células. 

Esto quiere decir que cada instante de nuestra vida estamos eligiendo, consciente o inconscientemente, pensamientos saludables o poco saludables y estos pensamientos, sin duda, terminan afectando nuestro organismo.

Cuando nos sentimos impotentes, temerosos y frustrados de manera reiterada, el cerebro comienza a liberar hormonas, como el cortisol, noradrenalina y adrenalina que terminan alterando nuestra biología y la capacidad de razonamiento.

Cuando esta química de estrés prevalece durante mucho tiempo, el mismo cuerpo intenta “enfermarse” para relajarse. Porque si tengo miedo a enfermarme y estoy todo el tiempo pensando en una posible amenaza que no llega, una vez que sucede uno se relaja. Al enfocarnos en el miedo atraemos más de eso.

Un ejemplo diferente, pero muy gráfico: cuando quieres comprar un auto en particular comienzas a verlo por todos lados. El auto siempre estuvo ahí, pero tu atención no estaba focalizada en eso, ya que no VEMOS TODO LO QUE OCURRE, solo somos conscientes de una parte de la realidad, a la que le prestamos más atención.

Sobredosis de noticias

El problema es que nuestra mente tiene más a pensar en negativo que en positivo, es una función de supervivencia básica y esa es la razón por la cual miramos noticias “para prever posibles amenazas”, el problema es que las noticias son nocivas para la salud cuando son en exceso.

Aunque creemos que solo nos mantienen informados, la realidad es que los diarios y la tevé tienden a poner el foco en lo negativo y peligroso. El abuso de noticias es tóxico para nuestro cerebro y lo peor de todo es que no tienen una utilidad práctica. Un buen consejo sería mirar menos noticias … especialmente si somos de estresarnos con facilidad.

Elegir bien: la mejor alternativa

¿Y cómo se activan nuestros pensamientos negativos? Se activan a través de nuestros sentidos. Nuestra manera de percibir el mundo tiene que ver con nuestra manera de pensar. Pensar negativamente es observar el mundo desde la necesidad (la preocupación, la falta, carencia), básicamente es el hábito de la queja.  

Estudios neuro-científicos revelan que los pensamientos negativos pueden dañar las estructuras neuronales que regulan las emociones, la memoria y los sentimientos. Los pensamientos negativos se activan con la queja reiterada, la preocupación, aunque sea hipotética nuestra y del entorno, pues las emociones se contagian “dime con quién andas y te diré quién eres”, “Dime que información consumes y te diré como te sentirás”.

Debemos elegir que ver, qué escuchar y con quienes relacionarnos, si queremos tener una vida saludable y positiva. Que nos entusiasme a vivir la vida, en vez de tener miedo de vivir.

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