“Cuando el prójimo se vuelve amenaza perdemos humanidad”: Fernanda Mariotti pide un protocolo más flexible tras perder a su mamá en medio de la pandemia

Hace unos días publicamos en Para Ti la carta “Crueldad por protocolo” que escribió Fernanda Mariotti después de perder a su mamá, Martha Pedrotti, en medio de la pandemia por covid-19. En esta nota cuenta su desesperante experiencia y da las razones por las cuales cuestiona el protolocolo.

Fernanda Mariotti, hoy, desvastada por la pérdida de su mamá. Foto: gentileza Fernanda Mariotti.

Mi mamá se murió de soledad y de pena”, dice Fernanda Mariotti que es médica pediatra ((MN 88.898). Ella es la autora de la conmovedora carta que publicamos hace unos días en Para Ti, “Crueldad por protocolo”, donde describe el contexto en el que murió su madre, Martha Pedrotti (84), el 20 de julio pasado en medio de la pandemia por covid-19 y cuestiona el protocolo que impidió acompañar a su mamá en los últimos días de vida.

En la mirada de Fernanda (hicimos la entrevista a través de una videollamada) hay dolor y angustia por lo que le tocó vivir. Ella se quedó con la sensación amarga de no haber podido acompañar a su mamá cuando más la necesitaba. No pudo asistirla ni contenerla. Tampoco se pudo despedir de ella como hubiera querido. Se lo impidió el protocolo implementado por la pandemia de coronavirus.

Por eso decidió escribir la carta, un poco para desahogarse, otro tanto para pedir que el protocolo se pueda flexibilizar en casos concretos. Con su carta sumó adhesiones, cientos de personas que se vieron atravesados por la misma situación en esta pandemia. Tuvo muchas repercusiones.

En el hogar donde estaba mamá decidieron cambiar la postura: a los pacientes con covid-19 sin complicaciones los van dejar quedarse ahí. Eso es maravilloso porque estas personas necesitan atención para las cosas cotidianas“, es lo primero que nos dice Fernanda. Y aclara: “Para ella fue muy bueno vivir ahí. Nosotras jamás la abandonamos”.

Fernanda es una de las tres hijas de Martha, junto a Vicky y a Florencia, que vive en México. “Por mi trabajo y por falta de espacio en casa era imposible tener a mamá conmigo. Y tampoco estaba en condiciones de vivir sola ni con mi otra hermana”, cuenta.

¿Cuándo fue la última vez que pudiste ver a tu mamá?

Cuando comenzó la pandemia podía acercarme hasta la puerta del hogar y verla de lejos. Ella se sentaba en un pasillo y yo permanecía del otro lado de la reja. Hablábamos por teléfono dos o tres veces por día.

Me llamaron del hogar el lunes 6 de julio a la noche para contarme que estaba con fiebre, algo agitada y tenía tos. Me fui volando para verla. Ahí me dejaron pasar. La pude abrazar y verla despierta. Al otro día la internaron por covid y nunca más la volví a ver.

Una de las últimas fotos de Fernanda con su mamá, ya a la distancia debido a la pandemia. Foto: Fernanda Mariotti.

¿Por qué decidiste escribir la carta en la que hablás de crueldad por protocolo?

Lo que quiero con todo esto es que las personas que tienen necesidades especiales (y no me refiero con esto sólo a personas con discapacidad) por la razón que sea, en este contexto de pandemia tengan el derecho de internarse con alguien de su familia y de su entorno. Porque esto es beneficioso para todos, y en especial para el paciente porque va a estar más cuidado, más atendido.

Mamá era un grito: tenía sed, pero atada a la cama (estaba sujeta con una mano a la cama para que no se bajara por miedo a que se cayera porque estaba sola en su habitación) no podía abrir la botella de agua. Gritaba pidiendo por la enfermera porque tenía sed y no podía tomar agua teniendo la botella de litro y medio al lado de la cama. Llamaba por teléfono y nos pedía que le dijéramos a la enfermera que fuera a darle agua.

Si permitieran que un adulto responsable pudiera a acompañar en la internación a estas personas sería beneficioso para todos. Somos adultos y podemos tomar decisiones. Todos tienen derecho a la atención, no al abandono.

Es decir, ajustar el protocolo a las necesidades especiales de las personas. Un paciente que es autoválido no necesita compañía, pero la gente mayor que no puede manejarse sola, la pasa muy mal. De todos los viejitos que murieron no sé cuántos fueron por efecto del covid o por esta circunstancia dantesca que les hacen pasar.

Pedí que me dejaran ver a mamá pero no me lo permitieron. Soy médica y trato con pacientes, así que sé las medidas que hay que tomar y los riesgos que podía correr.

Lamentablemente el protocolo de aislamiento ante un paciente con covid 19 es a nivel mundial.

Sí, el covid 19 tiene una evolución de 7 meses en el mundo y el protocolo se fue desarrollando sobre la marcha a medida que conocimos el comportamiento del virus y la respuesta, pero este protocolo puede cambiar. Tomemos el ejemplo de lo que ocurrió con la internación en pediatría: En la década del 50, Florencio Escardó revolucionó el concepto y la internación pediátrica conjunta pasó de ser prohibida a obligatoria desde ese momento.

Martha rodeada del amor de sus tres hijas: Florencia, Vicky y Fernanda. Foto: Fernanda Mariotti.

En la carta decís que tu mamá se murió “de pena y soledad”...

Mamá era de protestar, era quilombera, me decía “me sacan de aca, acá me voy a morir”. Yo la trataba de tranquilizar pero se enojaba.

En covid, la cabeza hace mucho. Todo lo emocional tiene una influencia muy fuerte en lo que es inmunidad. Si habilitaran a un familiar, la evolución sería más rápida, el personal de salud también estaría más preservado porque tendría que ingresar mucho menos a la habitación estando acompañado el paciente.

Mi mamá murió el lunes 20 de julio, y desde el jueves anterior, cuando hablé con ella por teléfono, me dí cuenta que había dejado de pelear. Yo le había contado que el lunes le iban a dar el alta porque ya estaba mejor. Me respondió sin ganas: “Qué suerte… Estoy muy cansada. ¿Ustedes están bien?… Te dejo, mi amor”.

¿Cuál era el estado de mamá con covid?

Tuvo un poco de fiebre solo el primer día, una tos tipo laríngea, estaba un poco afónica… Pero no tuvo neumonía ni perdió el gusto ni el olfato. El sábado 18 de julio, cuando se descompensa, pensaron que tenía una infección intrahospitalaria.

Se aspiró con la comida, sufrió una insuficiencia respiratoria. La aspiraron, se normalizó la saturación de oxígeno pero bajó la tensión arterial, y en la madrugada del 20 de julio murió de insuficiencia cardíaca.

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¿Te sorprendió la repercusión que tuvo tu carta?

Es cruel lo que está pasando con la gente mayor que se enferma con covid. Cuando me puse a escribir nunca imaginé que iba a tener la repercusión que tuvo. Fue un grito. Estaba desolada, me sentía culpable porque no saqué a mi mamá del hospital como ella me lo había pedido.

Mi mamá nunca había tenido problemas de salud, era sana. Vivió tres años en el hogar, estaba bien… Y no la volví a ver más.

No tenía noción de todo esto hasta que lo viví. Que nadie más tenga que pasar por lo mismo. Tenemos que elegir cómo vivir y cómo morir, porque eso le da sentido a la vida.

Cuando el prójimo se vuelve amenaza perdemos humanidad, perdemos perspectiva, perdemos sentido.

No estoy en contra del aislamiento ni del cuidado. Pero todo tiene que tener un marco, un límite.

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