En BAFWEEK, la diseñadora argentina presentó Analógica, su colección Primavera-Verano 2027 para L—B. Inspirada en las rutas argentinas, la propuesta cruza moda urbana y universo outdoor para hablar de algo cada vez más necesario: volver a estar presentes.
¿Y si para volver a encontrarnos hubiera que perder la señal? Esa es una de las preguntas que atraviesa Analógica, la nueva colección Primavera-Verano 2027 de L—B, presentada por Luz Ballestero en el marco de BAFWEEK.
La diseñadora tomó como punto de partida sus viajes por las rutas argentinas y construyó una propuesta que invita a salir del camino conocido para volver a mirar alrededor. Una colección pensada para moverse, ensuciarse, combinar, repetir y adaptarse.

Pero también para desconectarse. En un presente cada vez más atravesado por pantallas, algoritmos y filtros, Analógica propone recuperar aquello que sucede en tiempo real: el viento, la tierra, el paisaje, el sonido de un motor, una caminata o una parada inesperada en el camino.
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Analógica: una colección para viajar
La inspiración aparece en la manera en que nos vestimos cuando viajamos. Cuando hay poco espacio y tenemos que llevar lo necesario. Cuando una misma prenda tiene que funcionar durante el día y también de noche.

Vestirse por capas, atarse prendas a la cintura, llevar objetos colgando, dar vuelta una pieza para usar el lado más limpio o combinar aquello que normalmente no mezclaríamos. Esa lógica práctica se convierte en lenguaje de diseño.
La colección incorpora materiales técnicos, sistemas de ajuste, superposiciones y colores vinculados a la indumentaria deportiva, pero los lleva al universo propio de L—B.

La idea no es simplemente incorporar prendas outdoor al guardarropa urbano, sino generar un ida y vuelta entre ambos mundos.
De la montaña al atardecer: los colores de un viaje

El desfile también fue pensado como un recorrido visual. La primera parte apareció teñida de malvas, inspirados en los tonos violáceos que se dibujan detrás de las montañas durante el amanecer.
Luego llegaron las prendas intervenidas con estampas creadas a partir de fotografías analógicas de flora autóctona, realizadas por la artista plástica Mariela Izurieta.

El amarillo tomó protagonismo para representar la intensidad del día. Más adelante, los ocres y rojos marcaron el momento del atardecer, hasta llegar a los azules profundos y tonos oscuros que acompañaron la llegada de la noche.

Así, la paleta también contó una historia: la de un día completo en movimiento.
Moda outdoor con ADN urbano

Uno de los atractivos de Analógica está en ese cruce entre funcionalidad y diseño. Las prendas están pensadas para acompañar diferentes situaciones y adaptarse a un cuerpo en movimiento. Las superposiciones, los sistemas de ajuste y los materiales técnicos aparecen integrados a la identidad de L—B.
La colaboración con Salomon profundizó ese diálogo. El lenguaje funcional y tecnológico de la marca de calzado se incorporó a la propuesta para reforzar la conexión entre diseño, naturaleza y performance.

El resultado se aleja de la idea de que la ropa deportiva pertenece exclusivamente al deporte: acá se convierte en parte de una forma de vivir y recorrer el mundo.
Un desfile para experimentar el viaje antes del primer look

“Fuera de Ruta” fue mucho más que el nombre elegido para el desfile. La experiencia comenzó incluso antes de que apareciera la primera salida. Los invitados pudieron recorrer la pasarela creada por Luz Ballestero junto a Sofía Grodek, de La Espina, y experimentar en primera persona esa sensación de expectativa que antecede a un viaje.
Las cámaras analógicas fueron parte de la experiencia y permitieron registrar el recorrido de una manera deliberadamente diferente.

La música también contó la historia
Sin filtros digitales. Sin la inmediatez de una pantalla. Solo el momento. El recorrido tuvo además una banda sonora creada por Sebastián Escofet y Mery Sorrosal, que combinó canciones asociadas a los viajes con sonidos cotidianos que muchas veces dejamos de percibir. Un grillo lejano. El despertador que anuncia la hora de salir. Una valija que se cierra. El motor que arranca. El viento entrando por la ventana.
Pequeños sonidos que, puestos en primer plano, vuelven a conectar con una experiencia física y sensorial. De esta manera, el desfile se convirtió en una experiencia que involucró no solo la mirada, sino también el oído y la memoria.
Cuando perderse también es parte del viaje

Analógica propone una idea que excede la moda: viajar no siempre significa llegar. A veces implica desviarse. Frenar porque algo llama la atención. Caminar sin saber exactamente qué hay después. Recuperar los sentidos y registrar lo que sucede alrededor.
La sal sobre la piel. La tierra en las manos. El agua. El viento. El sonido de un río acompañando el camino. Ese espíritu atraviesa la colección de Luz Ballestero y explica también su nombre.
Porque Analógica habla de volver a estar presentes. De mirar sin una pantalla en el medio. De guardar menos imágenes para recordar más momentos. Y porque, cuando finalmente te vas de ruta, puede que no haya señal. Pero siempre hay una dirección.

