De aquella nena que saludó a Juan Pablo II a la mamá que será voluntaria en la visita del Papa León XIV: la emotiva historia de Eleonora Llanderal - Revista Para Ti
 

De aquella nena que saludó a Juan Pablo II a la mamá que será voluntaria en la visita del Papa León XIV: la emotiva historia de Eleonora Llanderal

Eleonora Llanderal
Eleonora Llanderal tiene 43 años, es mamá de cuatro hijos y recuerda con emoción el día en que sus padres la llevaron a ver a Juan Pablo II. Hoy se prepara para recibir al papa León XIV junto a su familia, pero también para participar como voluntaria durante la misa en Luján. En diálogo con Para Ti, cuenta su historia de fe y explica qué la impulsó a ponerse al servicio de los demás: "No solo quiero ir para recibir, también quiero ir para dar".
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Hay recuerdos de la infancia que permanecen intactos, incluso cuando pasan los años. Para Eleonora Llanderal, uno de ellos está relacionado con un momento muy especial: el día en que sus padres la llevaron a ver al papa Juan Pablo II durante su visita a la Argentina.

Era apenas una nena y todavía conserva la imagen de aquel encuentro. Recuerda haber estado muy cerca cuando el pontífice pasó frente a ella, la alegría de compartir esa experiencia con su familia y la emoción de sentir que estaba viviendo algo extraordinario.

Hoy, a sus 43 años, la historia parece darle la posibilidad de cerrar un círculo. Porque Eleonora se prepara para recibir al papa León XIV en la Argentina, esta vez junto a su marido y sus cuatro hijos. Pero hay algo más: además de participar de una de las celebraciones como parte del público, decidió ofrecer su tiempo y colaborar como voluntaria durante la misa que se celebrará en Luján.

Su decisión nació de una reflexión tan sencilla como profunda: no quería estar presente solamente para recibir, sino también para dar.

Quién es Eleonora Llanderal, la mamá de cuatro hijos que será voluntaria durante la visita del Papa

Eleonora tiene 43 años, es mamá de cuatro hijos y actualmente vive en Pilar junto a su familia. Es oriunda de la Ciudad de Buenos Aires y durante los últimos 12 años vivió en Derqui, hasta que en febrero se mudó a Pilar.

Es licenciada en Orientación Familiar y trabaja como analista de Capital Humano en Espartina S.A., una empresa del sector agropecuario. Pero hay otro aspecto de su vida que ocupa un lugar muy importante: su compromiso con la fe y con la comunidad religiosa.

Junto a su marido, Santiago, participa desde hace más de nueve años en el Movimiento de Schoenstatt, dentro de la Liga Apostólica de Familias. Ambos integran un grupo de vida de matrimonios que se reúne cada tres semanas y también coordinan otro grupo dentro del movimiento.

Eleonora vio a Juan Pablo II cuando era niña y ahora será voluntaria en la visita de León XIV
Eleonora vio a Juan Pablo II cuando era niña y ahora será voluntaria en la visita de León XIV

Su vínculo con la Iglesia comenzó mucho antes. Creció en una familia católica, estudió en el colegio San Marón, perteneciente a la comunidad libanesa, y durante su adolescencia participó en misiones destinadas a comunidades mapuches del sur de Río Negro. Fueron aproximadamente ocho años de viajes, experiencias y encuentros que marcaron profundamente su manera de vivir la espiritualidad.

Con el tiempo, esa fe también se convirtió en un proyecto familiar. Junto a Santiago y sus hijos, comparte misas, oraciones y momentos cotidianos en los que buscan mantener presente a Jesús.

Por eso, cuando se anunció la llegada de León XIV, sintió una alegría enorme. Y mientras imaginaba lo que significaría compartir esa experiencia con su familia, apareció otra necesidad: ponerse al servicio de los demás.

En esta entrevista con Para Ti, Eleonora recuerda su infancia, habla del valor de transmitir la fe a sus hijos y cuenta cómo se prepara para vivir una experiencia que considera un verdadero regalo de Dios.

Una vida atravesada por la fe y el compromiso con los demás

- ¿Cómo llegó la fe a tu vida y qué lugar ocupa hoy? ¿Es algo que heredaste de tu familia o hubo alguna experiencia personal que te acercó especialmente a Dios?

- Mi vida de fe comienza desde chica, en una familia católica. Soy exalumna del colegio San Marón, de la comunidad libanesa, donde los sacerdotes son misioneros maronitas. Por eso, la presencia de San Marón fue muy importante en mi vida. Durante mi adolescencia participé activamente como misionera del grupo misionero de la Basílica del Santísimo Sacramento. Durante aproximadamente ocho años estuve viajando a comunidades mapuches del sur de Río Negro, a la Línea Sur, en el departamento de Pilcaniyeu, en Nimai.

Pasábamos todo el mes de enero allá. Nos íbamos el 4 y volvíamos el 31, así que eran misiones muy fuertes, muy movilizadoras. Tenía una vida de fe muy activa. Participaba en retiros, encuentros y en todo lo que podía me sumaba.

Y eso fue quedando en mi vida. Después me casé con Santiago, a los 25 años, y hoy, que tengo 43, seguimos profesando activamente la fe como familia, junto a nuestros cuatro hijos. Somos de ir a misa, rezamos en familia y, cuando viajamos, rezamos el rosario todos juntos. Tratamos de encontrar esos momentos donde Jesús se haga presente en el hogar, tanto en lo cotidiano como en los momentos especiales.

Nuestros dos hijos más grandes ingresaron este año a la Juventud Masculina del Movimiento de Schoenstatt, y realmente nos da mucha felicidad verlos con el corazón cerca de Jesús. Es una alegría enorme. Antes de venir a vivir a Pilar también participaba activamente en la comunidad. Tenía mi hora de adoración, daba catequesis, era ministra extraordinaria de la Comunión y colaboraba en todo lo que podía ayudar.

Ahora participamos en la comunidad de acá de Pilar. Si bien estamos en Los Olmos, también vamos a la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, que es la que nos queda más cerquita de casa.

Con su marido Santiago en Lourdes.
Con su marido Santiago en Lourdes.

"No solo quiero ir para recibir, también quiero ir para dar": por qué decidió ser voluntaria

- ¿Qué sentiste cuando supiste que el Papa visitaría la Argentina y cómo surgió la posibilidad de participar como voluntario? ¿Qué te impulsó a decir que sí y formar parte de esta experiencia?

- Cuando me enteré de que venía el Papa sentí una alegría enorme, unas ganas de poder participar con mi familia, de poder estar juntos. Me acordé de cuando vino San Juan Pablo II, de la alegría que fue que mis padres me llevaran a verlo. Tengo ese recuerdo de estar con la banderita, saludando al Papa. Y ahora, la verdad, sentí la misma emoción de decir: “¡Qué lindo que vamos a ir como familia!”. Con mi marido y mis cuatro hijos, al encuentro del papa León XIV.

Me dio mucha emoción, mucha felicidad, pero también me dio esta sensación de decir: “No solo quiero ir para recibir, también quiero ir para dar”. Entonces dije: “Bueno, en una misa, que es la de Buenos Aires, participo activamente con mi familia y, en la misa de Luján, me voy a poner al servicio de la Iglesia”.

Voy a ayudar, voy a ofrecer. Que es una manera de estar muy cerca del Santo Padre y también del mismo Cristo. Entonces me anoté y dije: “Lo que surja, donde esté la necesidad, digo que sí y voy”. Finalmente, quedé en esta función de poder ayudar en la distribución de Jesús en la Eucaristía, en la comunión. Así que estoy muy contenta por poder servir.

Sé que va a ser sacrificado, porque vamos a salir de Pilar el martes a las 20,30 hs para participar en la misa de las 10 de la mañana en Luján del día miércoles. Tenemos que salir bien tempranito porque después cortan las calles y va a ser un poco complicado llegar.

La emoción de ponerse al servicio durante la visita de León XIV

- ¿Qué significa para vos estar al servicio de los demás durante esta visita? ¿Sentís que el voluntariado también es una manera de vivir y expresar tu fe?

- Lo que me provoca es una felicidad inmensa. Me genera la sensación de un Cristo vivo que viene a nuestro encuentro. Siento que, así como nuestros sacerdotes y nuestros obispos están cerca de nosotros y nos hacen sentir ese cariño, ese cuidado paternal, ese pastoreo, el Santo Padre viene a hacer exactamente lo mismo.

Viene a devolvernos esa mirada de esperanza, de caridad, y a recordarnos que no debemos perder el sentido de Iglesia, ni olvidar la importancia de que somos bautizados, somos hijos de un mismo Dios y somos hermanos de una misma fe. Entonces, no es casual que elija la Santa Misa como la gran fiesta para encontrarnos en la Eucaristía.

Y también me encantó que haya elegido la casa de nuestra querida Madre, en Luján, como punto fundamental de encuentro, como culminación de esta gran visita a la Argentina.

Eleonora, que conoció a Juan Pablo II de niña y ahora quiere vivir esa emoción con sus cuatro hijos
Eleonora, que conoció a Juan Pablo II de niña y ahora quiere vivir esa emoción con sus cuatro hijos

Qué espera de la visita del Papa: "Hacer extraordinario lo ordinario de cada día"

- ¿Qué expectativas tenés ante la llegada del Papa? ¿Hay algo que te gustaría escuchar de él, alguna emoción que esperás vivir o alguna intención especial que llevás en el corazón?

- Me encantaría que la visita del Papa nos deje el ardor misionero para ir al encuentro de los demás, para ir al encuentro de los que tenemos cerca y también de aquellos a los que no miramos nunca. Me gustaría que despierte la fe, que despierte el hambre de Jesús, que lo tenemos vivo y presente en la Eucaristía, y que nos acerque al corazón de nuestra Santísima Madre, la Virgen María.

Me gustaría que para mis hijos sea un día de fiesta, un día de encuentro con Jesús y con toda la Iglesia. Que puedan vivir este sentimiento de entender que la Iglesia es una Iglesia peregrina y que tenemos una comunión con los santos. Que la Iglesia es terrenal y celestial. Me encantaría que podamos ser conscientes de eso y visualizarlo.

Creo que el Santo Padre, con su presencia, no solo nos abre el corazón, sino que también nos abre la mirada a lo que realmente somos como Iglesia, que va mucho más allá de la parroquia a la que vamos a misa o del grupo en el que nos movemos. Y si pudiera tenerlo enfrente, le diría que lo queremos mucho y que estamos súper agradecidos por su presencia.

El recuerdo de Juan Pablo II que Eleonora quiere transmitirles a sus hijos

- Si tuviste la oportunidad de estar presente durante alguna de las visitas de Juan Pablo II a la Argentina, ¿qué recordás de aquella experiencia? ¿Qué sentiste entonces y cómo imaginás que será volver a vivir un encuentro de estas características tantos años después?

- Sí, yo era chiquita y tuve la oportunidad de verlo porque mis padres nos llevaron cuando vino San Juan Pablo II a la Argentina. Estuve muy cerquita cuando él pasó, así que para nosotros fue una experiencia lindísima. Tengo un recuerdo realmente hermoso de ese momento.

Y me gustaría que mis hijos puedan vivir y experimentar ese mismo amor que nosotros experimentamos. Fue algo tan lindo, con tanta presencia de Dios, que en ese momento, solamente con verlo pasar, pudimos experimentar el amor de Dios.

Junto a su marido, Santiago, participa desde hace más de nueve años en el Movimiento de Schoenstatt, dentro de la Liga Apostólica de Familias.
Junto a su marido, Santiago, participa desde hace más de nueve años en el Movimiento de Schoenstatt, dentro de la Liga Apostólica de Familias.

Qué le diría al papa León XIV si pudiera tenerlo frente a frente

- Si pudieras estar frente al Papa durante unos minutos, ¿qué te gustaría decirle o preguntarle? Y, sobre todo, ¿qué te gustaría que dejara esta visita en tu vida, en tu familia y en la Argentina?

- Me gustaría decirle: “Gracias por venir a acompañarnos, por venir a estar cerca nuestro, por ser presencia de Cristo entre nosotros”. Le diría que lo queremos con todo el corazón. Y trataría de estar atenta, de aprender y de escuchar, porque creo que en esta visita tenemos que estar con el corazón bien abierto para ver qué nos quiere decir Dios a través de él.

Qué es lo que Dios tiene para cada uno de nosotros y qué nos viene a decir el Papa. Porque claramente algo nos viene también a decir.

De aquella nena con una banderita a la mamá que quiere compartir su fe con sus hijos

Hay una imagen que resume buena parte de la historia de Eleonora: aquella nena que, acompañada por sus padres, esperaba emocionada el paso de Juan Pablo II con una banderita en la mano. Hoy, muchos años después, se prepara para vivir una experiencia similar, pero desde otro lugar.

Ahora es ella quien desea transmitirles a sus cuatro hijos esa emoción, esa sensación de encuentro y ese recuerdo que todavía guarda en el corazón. Y, al mismo tiempo, eligió ponerse al servicio de los demás, ofreciendo su tiempo y su compromiso durante la celebración en Luján.

Su historia habla de una fe que se transmite entre generaciones, pero que también se construye con decisiones personales, con pequeños gestos y con la voluntad de estar disponible para los demás. Porque Eleonora no espera solamente encontrarse con el Papa. También desea que su visita despierte algo en cada persona, que renueve la esperanza y que invite a mirar con más atención a quienes tenemos cerca.

Quizás por eso, entre todas sus reflexiones, hay una frase que resume su manera de vivir este momento: "No solo quiero ir para recibir, también quiero ir para dar". Una expresión sencilla que conecta aquella emoción de la infancia con la mujer, la mamá y la voluntaria que hoy se prepara para recibir a León XIV.

 
   

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