Algunos dolores parecen imposibles de poner en palabras. Y el que atraviesan por estas horas los tres hijos de María Olga Sosa pertenece a esa clase de tragedias que conmueven incluso antes de terminar de contarse.
María Olga Sosa, de 59 años, fue una de las cuatro hermanas que murieron ahogadas este lunes luego de que la camioneta en la que viajaban cayera al agua del lago Bajo Giuliani, en La Pampa.
Pero, mientras la familia todavía intentaba asimilar la noticia de su muerte, sus tres hijos recibieron otro golpe devastador: también falleció su padre, Julio Manuel “Cachi” Vissani, tras una larga lucha contra una enfermedad terminal.
En cuestión de horas, los hijos de Olga perdieron a su mamá y a su papá.
Un doble duelo que golpea a la familia
María Olga Sosa y Julio Manuel Vissani estaban separados, pero seguían unidos por el lazo más profundo: los tres hijos que tenían en común, dos mujeres y un varón.
Según informó Infobae, Vissani tenía 66 años, residía actualmente en Vista Alegre, provincia de Neuquén, y había sido parte durante muchos años de la Policía de La Pampa. En la fuerza era un miembro respetado y se había retirado con el rango de suboficial mayor.
Su muerte ocurrió pocas horas después de la tragedia vial que se llevó la vida de Olga y de sus tres hermanas: Cristina Sosa, Raquel Esmeralda Sosa y Rosa Estela Sosa.
El dato vuelve todavía más desgarradora la historia. Porque mientras una familia entera despedía a cuatro mujeres que habían salido de 25 de Mayo rumbo a Santa Rosa para visitar a otra hermana internada, los hijos de Olga debieron enfrentar, además, la muerte de su padre.
María Olga Sosa, la portera querida por toda una escuela
Olga Sosa era portera de la Escuela 248 Crezca Grande, donde era muy querida por alumnos, docentes y compañeros. Su muerte dejó una huella profunda en la comunidad educativa, que la despidió con un mensaje cargado de dolor.
“La comunidad educativa de nuestra escuela expresa su profundo pesar por el fallecimiento de una querida integrante de nuestro plantel. Acompañamos a su familia, amigos y seres queridos en este difícil momento y elevamos una oración en su memoria. Su recuerdo permanecerá siempre entre nosotros”, expresaron desde la institución.
En una escuela, una portera no es solamente una trabajadora. Muchas veces es quien recibe a los chicos, quien conoce las rutinas, quien sostiene lo cotidiano desde un lugar silencioso pero esencial. Olga formaba parte de esa trama afectiva. Por eso, su ausencia no duele solo en su familia: también duele en los pasillos, en las aulas, en los saludos que ya no volverán a repetirse.
Julio Manuel Vissani, el padre de sus hijos
Julio Manuel “Cachi” Vissani también tenía una historia ligada a La Pampa. Durante años se desempeñó en la Policía provincial y llegó a retirarse como suboficial mayor.
Aunque él y Olga ya no eran pareja, compartían una historia familiar marcada por sus tres hijos. Ese lazo, más allá de la separación, los mantenía unidos.
Su despedida se realizó en la capilla Nuestra Señora de Fátima del sector Norte, en la ciudad neuquina de Centenario. “Su recuerdo quedará por siempre en el corazón de quienes lo amaron”, expresaron en el comunicado que informó su fallecimiento.
La muerte de Vissani, en medio del duelo por Olga, transformó el dolor familiar en una pérdida doble. Para sus hijos, la tragedia no terminó con la noticia del accidente: se profundizó con la despedida de su padre.
El accidente en el Bajo Giuliani
El siniestro que le quitó la vida a María Olga Sosa y a sus hermanas ocurrió el lunes por la tarde noche, en el cruce de la Ruta Nacional 35 y la Ruta Provincial 14, a unos 10 kilómetros al sur de Santa Rosa.
Las cinco hermanas viajaban en una Ford EcoSport desde 25 de Mayo hacia la capital pampeana. El motivo del viaje era profundamente familiar: iban a visitar a otra hermana que se encontraba internada en el Hospital Favaloro.
Por causas que todavía se investigan, la camioneta despistó y cayó al agua del lago Bajo Giuliani. En el vehículo iban Cristina Sosa, Raquel Esmeralda Sosa, María Olga Sosa, Rosa Estela Sosa y Dominga Fortunata Sosa, quien conducía y fue la única sobreviviente.
Dominga logró salir por sus propios medios del agua helada y fue asistida por el Servicio de Emergencias Médicas. Estaba en estado de shock. Según detallaron medios locales, fue ella quien alcanzó a advertir a los rescatistas que dentro del vehículo viajaban otras cuatro personas.
A partir de ese aviso comenzó la búsqueda que permitió encontrar los cuerpos de sus hermanas.
Cinco hermanas que viajaban para acompañar
Uno de los detalles más conmovedores de esta historia es el motivo del viaje. Las hermanas no iban de paseo. Tampoco hacían un recorrido casual. Se habían organizado para ir a Santa Rosa a visitar a otra hermana internada.
Era un viaje de cuidado. De presencia. De esos que muchas mujeres hacen sin pensarlo demasiado porque sienten que estar cerca de la familia es una forma de sostener.
Cristina, Raquel, Olga, Rosa Estela y Dominga iban juntas. Hermanas, compañeras, parte de una familia numerosa y de una comunidad que hoy no sale de la conmoción.
El accidente transformó ese gesto de amor familiar en una tragedia inmensa.
El dolor de los hijos de Olga
En el centro de esta historia quedan los tres hijos de María Olga Sosa y Julio Manuel Vissani. En pocas horas tuvieron que despedir a su madre y a su padre.
Primero, la noticia brutal del accidente en Bajo Giuliani. Después, la muerte de su papá, que atravesaba una enfermedad terminal.
No hay palabras suficientes para dimensionar ese doble golpe. Perder a una madre ya es una de las experiencias más difíciles de la vida. Perder también al padre, casi al mismo tiempo, convierte el duelo en algo todavía más hondo.
Por eso, esta tragedia no solo enluta a 25 de Mayo por la muerte de las cuatro hermanas Sosa. También deja una historia familiar marcada por una pérdida doble, por tres hijos que quedaron atravesados por dos despedidas en cuestión de horas y por una comunidad que intenta acompañar como puede.
Una comunidad entera de luto
Los restos de las hermanas fueron velados en el SUM de 25 de Mayo, su ciudad natal. Allí, familiares, vecinos, compañeros de trabajo y miembros de distintas instituciones se acercaron para despedirlas.
Cristina y Raquel estaban vinculadas al hospital Jorge Ahuad. Olga era parte de la Escuela 248 Crezca Grande. Rosa Estela era ama de casa. Todas eran mujeres conocidas, queridas y presentes en la vida cotidiana del pueblo.
“Qué tristeza tan profunda nos envuelve”, escribieron vecinos en redes sociales. Y esa frase parece contener el sentimiento de una comunidad entera.
Porque la tragedia de las hermanas Sosa ya era devastadora por sí sola. Pero el drama que atraviesan los hijos de Olga sumó una nueva capa de dolor: la de tener que despedir, casi al mismo tiempo, a las dos personas que les dieron la vida.


