Julieta y Rosario Ortega viajaron a Tucumán y recorrieron Lules, el pueblo donde su padre, Palito Ortega, pasó parte de su infancia y dio sus primeros pasos antes de convertirse en una de las figuras más populares de la música argentina. Entre fotografías, paisajes y recuerdos familiares, las hermanas volvieron sobre una historia que sigue muy presente.
Julieta y Rosario Ortega volvieron a las raíces de Palito
El viaje de las hermanas Ortega a Lules estuvo ligado a la gira de su padre, “Muchacho que vas cantando”, el espectáculo con el que Palito repasa algunos de los grandes éxitos de su carrera.
Pero para Julieta y Rosario, el recorrido por Tucumán tuvo un significado que fue mucho más allá de la música. Juntas visitaron algunos de los lugares que forman parte de la historia familiar y que durante décadas conocieron a través de los relatos de su padre.

La comunidad de Lules las recibió con afecto y las hermanas pudieron compartir anécdotas y recuerdos vinculados con la presencia de Palito en la localidad.
La casa donde vivió Palito Ortega
Uno de los momentos más significativos del viaje fue el reencuentro con la casa donde vivió Palito durante su infancia.
La vivienda permanece cerrada y, según contó Julieta, fue adquirida por vecinos de la zona que decidieron conservarla. La postal de las hermanas sentadas en el umbral de la casa se convirtió en una de las imágenes más emotivas del recorrido.

También llevaron una fotografía antigua de Palito joven frente a esa misma vivienda. La imagen generó un particular juego entre pasado y presente: el cantante retratado décadas atrás y sus hijas ocupando hoy el mismo escenario.
Julieta había contado en una charla con Mirtha Legrand lo que significó volver a ese lugar. “Se me aflojaron las piernas. No sé si había vuelto a visitarlo. Aparte está intacta la casa”, relató.

Y explicó además una particularidad de aquella vivienda: “La casa ni siquiera era de mi padre, mi papá trabajaba en el ingenio Lules y a cada empleado le daban una casa, y esa es la que le tocó a ellos”.
Para la actriz, Lules conserva una atmósfera muy particular. “Lules tiene algo cinematográfico, porque se mantuvo en el tiempo”, describió, al recordar también la estación de tren y otros rincones de la localidad.

La estación de tren y los paisajes de Lules
El recorrido de Julieta y Rosario también incluyó la estación de tren de Lules, uno de los puntos que mantienen viva la identidad del pueblo.
Las hermanas caminaron por los andenes y posaron frente al tradicional cartel de la estación, sumando nuevas postales a un viaje atravesado por la memoria familiar.

Julieta también visitó la Quebrada de Lules, otro de los paisajes que formaron parte de su recorrido por Tucumán.
Las fotografías muestran a las hermanas disfrutando de distintos momentos del viaje, siempre con el recuerdo de su padre como hilo conductor.

Un viaje atravesado por la historia familiar
Entre las imágenes que compartieron también aparecen fotografías antiguas de Palito y productos típicos de la zona, como las frutillas. Cada postal suma una pieza a ese recorrido por el pasado familiar y permite reconstruir, desde el presente, algunos de los escenarios que marcaron los primeros años de vida del cantante.

Para Julieta y Rosario, volver a Lules significó encontrarse con una parte de la historia de su padre que hasta ahora había permanecido principalmente en los recuerdos y relatos familiares.
La casa, la estación, los paisajes y las fotografías antiguas funcionan así como un puente entre generaciones. Un viaje en el que las hijas de Palito pudieron conocer de cerca aquella geografía que forma parte de sus raíces y reencontrarse con una historia que, aunque comenzó varias décadas atrás, todavía sigue viva.

