Hay historias dentro de la moda que empiezan mucho antes de una tapa o una campaña. En el caso de Agos Barbagelata, todo comenzó siendo una adolescente de Belgrano que miraba revistas soñando con algún día estar del otro lado de esas páginas.
A los 15 años, una casualidad —o quizás destino— la cruzó con Benito Fernández en un shopping. Ese encuentro no solo le abrió las puertas de su primer desfile, también marcó el inicio de una carrera que la llevaría, apenas terminando el colegio, a vivir sola en Milán, trabajar para grandes marcas internacionales y desfilar en una de las capitales de la moda.
Pero después del vértigo de las pasarelas llegó otro desafío: reinventarse. Durante la pandemia, y con el mundo detenido, Agos decidió mirar hacia adentro y apostar por algo propio. Así nació Aggo, su firma de accesorios de cuero artesanal creada en 2020, una marca donde cada pieza habla de su historia, su sensibilidad y su manera de entender el lujo: más consciente, más noble y con identidad.
En diálogo con Para Ti, la modelo y emprendedora repasa su camino, sus miedos, sus aprendizajes y cómo fue pasar de ser imagen de grandes marcas a convertirse en la creadora de su propio universo.

Agos Barbagelata, modelo y emprendedora
- A los 15 años saliste del colegio para ir a un casting y ese día te cambió la vida. ¿Qué sentiste cuando entendiste que eso que veías en revistas podía ser tu realidad?
- Estaba en un shopping y me crucé con Benito Fernández, que estaba abriendo uno de sus primeros locales. Yo estaba mirando la ropa, chusmeando, y él se me acercó. Me pasó su contacto y, unos meses después, yo sabía que hacía un desfile, así que le escribí.
Cuando llegué, me hizo pasar al backstage, me mostró cómo era todo desde adentro y, de repente, me dio un vestido y me dijo: ‘Tomá, ¿te animás a salir a desfilar?’. Imaginate... yo estaba feliz, emocionadísima. Fui a ver un desfile y terminé desfilando por primera vez.
Para una chica de 15 años que soñaba con ser modelo, que miraba revistas, que compraba Para Ti y admiraba ese mundo desde afuera, fue algo enorme. Mucha ilusión, mucha felicidad.
Después, entré en una agencia y ahí empezó oficialmente mi carrera. Pero ese momento con Benito realmente me cambió la vida, porque sentí que se me abría una puerta y que eso que yo veía en las revistas también podía convertirse en mi realidad.

- Arrancaste muy chica en una industria muy exigente. ¿Sentís que crecer frente a cámaras te hizo madurar antes de tiempo?
- Sí, sin dudas me hizo crecer y madurar muy rápido. También siento que quemé muchas etapas, pero no me arrepiento de nada, porque siempre fue por elección propia y por seguir un sueño.
Pensá que tenía 16 años, iba al colegio y al mismo tiempo trabajaba. Muchas veces tenía que faltar a clases porque tenía producciones, viajes o compromisos laborales. Pero siempre tuve muy claro que era lo que quería hacer.
Mis papás me acompañaron muchísimo en todo el proceso. Obviamente, estudiar era una prioridad y terminar el colegio también, pero siempre me apoyaron con mi carrera.
Muy chica empecé a moverme en un ambiente donde casi toda la gente era mucho más grande que yo. Iba a eventos, muchas veces de noche, viajaba sola por trabajo… y eso inevitablemente te hace madurar.
A los 16 entré a la agencia de Ricardo Piñeiro y empecé a hacer temporadas en Punta del Este. Me iba a trabajar a una casa de modelos y era de las más chicas. Imaginate que mis papás hasta tenían que firmarme permisos para que pudiera salir del país.
Todo eso, sin dudas, me hizo crecer antes de tiempo y tener otra cabeza siendo muy chica.

- Trabajaste tres años en Milán, una de las capitales de la moda. ¿Qué fue lo más desafiante de llegar sola, sin hablar el idioma y teniendo que demostrar quién eras?
- Mi sueño siempre había sido hacer una carrera en Europa y, para mí, la gran meta era llegar a Italia. Milán era ese objetivo que tenía clarísimo desde muy chica. Y lo logré: una agencia me contrató y firmé un contrato por tres años.
Lo más desafiante, sin dudas, fue llegar sola. Era mi primer viaje viviendo afuera, encontrarme con un idioma que no conocía, una cultura distinta y además ir a vivir a un model apartment, que las que trabajamos de modelos sabemos que puede ser una experiencia bastante dura.
Me acuerdo que cuando llegué me dije a mí misma: ‘Acá me tengo que construir una vida’. Tenía muy claro que no quería solamente ir a trabajar, quería crecer, aprender y hacer mi camino.
Y lo increíble fue que el mismo día que llegué a Milán ya tenía trabajo. Incluso antes de verme en persona, me habían confirmado para hacer un lookbook y una campaña para Moschino. Al otro día ya estaba trabajando.
A partir de ahí me fui poniendo objetivos muy concretos: aprender italiano —que hoy lo hablo perfecto—, trabajar muchísimo, salir del model apartment y poder alquilar mi propio departamento. Era chica, sí, pero siempre tuve muy claro hacia dónde quería ir.

- Desfilar en la Semana de la Moda de Milán es el sueño de muchísimas modelos. ¿Recordás ese primer backstage? ¿Qué pensó esa Agos de 17 años en ese momento?
- Sí, me acuerdo perfecto. Y hago una aclaración: yo me fui a vivir a Milán a los 17 años, apenas terminé el colegio. Mi primer backstage fue en un desfile en Florencia, en uno de esos shows importantes que se hacen allá, y obviamente los nervios estaban a flor de piel.
De repente empezás a cruzarte con modelos que hasta ese momento veías en revistas, en campañas internacionales, chicas súper instaladas en la industria... y darte cuenta de que estabas compartiendo pasarela con ellas era muy fuerte. Obviamente eso también te genera más nervios, porque eran mujeres a las que admirabas y a las que, de alguna manera, soñabas parecerte o llegar a hacer el recorrido que ellas habían hecho.
Pero al mismo tiempo fue una sensación increíble. Era una mezcla de emoción, nervios, felicidad y también mucho orgullo propio. De mirar para adentro y pensar: ‘Guau, lo logré. Estoy acá

- Después de cumplir ese sueño internacional, decidiste volver a Argentina. ¿Fue una decisión emocional, estratégica o una mezcla de ambas?
- La realidad es que fue una decisión que, en cierto punto, me puso la vida. Yo me había vuelto de Milán porque me habían convocado para ir a trabajar a Nueva York, así que regresé a Argentina para empezar con todo el trámite de papeles y la visa laboral para poder instalarme allá. Venía todo encaminado, pero a los pocos meses llegó la pandemia y, como nos pasó a todos, todo cambió de un día para el otro.
En ese momento pensé que iba a ser algo temporal, que en cualquier momento iba a poder retomar el plan. Pero bueno, nadie podía viajar, nadie podía salir, así que empecé a entender que me iba a tener que quedar un tiempo en Buenos Aires.
Y ahí fue cuando empecé a construir una nueva etapa acá, a trabajar de lleno en Argentina, algo que si bien ya había hecho de más chica, toda mi etapa más fuerte de carrera —de los 17 a los 21 o 22 años— la había vivido afuera.
Así que no fue una decisión que tomé racionalmente, sino algo que se fue dando. Y también tuvo una parte emocional, porque estaba cerca de mi familia, volviendo a conectar con mis afectos, armando mi hogar y encontrando mi lugar acá. Entonces creo que terminó siendo una mezcla de todo, aunque la vida fue la que marcó el timing.

- Dijiste algo muy interesante: que la carrera de modelo tiene un techo. ¿En qué momento empezaste a pensar en construir algo propio y no depender solo de tu imagen?
- Sí, yo creo que la carrera de modelo tiene un techo. Siempre hago una comparación con los futbolistas: arrancamos muy jóvenes, tenemos un momento muy fuerte en la profesión y después una también tiene que pensar qué quiere construir para el futuro. Obviamente hay muchísimas modelos increíbles que siguen trabajando y reinventándose con el tiempo, pero a mí me empezó a resonar la idea de no depender solamente de mi imagen.
Ese clic apareció cuando me encontré en Buenos Aires durante la pandemia. Yo había vuelto de Milán para hacer los trámites de mi visa laboral porque me habían convocado para trabajar en Nueva York, pero la pandemia me agarró acá y todo cambió. Fue una situación que no había elegido, pero que me obligó a frenar y pensar.
Soy una persona muy inquieta y muy creativa, así que después de mucho tiempo en casa empecé a preguntarme qué podía hacer distinto. Durante la pandemia hacía producciones en casa, me divertía creando contenido, armando fotos, pensando ideas… y ahí apareció una pregunta clave: ¿qué pasa si, en vez de estar siempre delante de cámara, pruebo del otro lado?
Después de tantos años dentro de la industria de la moda, sentí que tenía herramientas, contactos, experiencia y una mirada propia para construir algo mío. Y ahí empecé a desarrollar mi marca y a pensar en proyectos que me permitieran crecer más allá del modelaje. Porque amo esta profesión, pero también quería crear algo que no dependiera solo de una imagen, sino de mi identidad y de mi visión.

- Hoy apostás por tu marca de accesorios Aggo hechos con cuero argentino y trabajo artesanal. ¿Qué descubriste de vos misma al pasar de ser la cara de una marca a convertirte en creadora y empresaria?
- Lo que descubrí de mí misma fue la capacidad de crear algo con identidad propia. Como modelo, muchas veces sos la imagen o la visión de una marca ajena, interpretás una idea creada por otros. Y con mi marca me pasó exactamente lo contrario: tuve la posibilidad de construir algo propio, con mi mirada, mi criterio y mi identidad.
También descubrí una parte mía mucho más decidida, porque emprender implica tomar decisiones todo el tiempo, confiar en tu intuición y transformar una idea en algo real. Y, al mismo tiempo, conecté con una versión mucho más perseverante y sensible de mí.
Detrás de una marca artesanal hay muchísimo trabajo invisible. Desde elegir los cueros, pensar cada detalle del diseño, hasta imaginar cómo quiero que se sienta la persona que use ese accesorio. Todo ese proceso me hizo conectar mucho más con el valor de las cosas bien hechas, con los tiempos de creación y con la importancia de construir algo con sentido.

- Crear una marca propia implica exponerse desde otro lugar. ¿Qué fue más desafiante para vos: subirte a una pasarela internacional o apostar tu propio dinero, tu tiempo y tu nombre en un proyecto personal?
- Yo creo que son dos desafíos completamente distintos, y también siento que uno necesitó del otro. Si yo no hubiese sido modelo, probablemente hoy no habría arrancado mi camino como emprendedora ni tendría mi propia marca. Todo lo que viví dentro de la moda me fue dando herramientas, experiencia y seguridad para animarme a dar ese paso.
Subirme a una pasarela internacional tenía mucha adrenalina. Cuando trabajás con tu imagen, sentís la presión de estar impecable, de representar de la mejor manera a una marca, de responder a ciertas expectativas. Hay una exigencia muy fuerte ahí.
Pero emprender me enfrentó a otro tipo de desafío, mucho más personal. Creo que me volvió más valiente. Porque cuando desfilás, estás representando una marca. Pero cuando emprendés, te estás representando a vos misma. Ahí no solo ponés tu imagen, también ponés tu tiempo, tu energía, tus ideas, tu dinero y tu nombre. Y eso, de alguna manera, te expone todavía más. Pero también te da una satisfacción enorme cuando empezás a ver que ese proyecto propio empieza a tomar forma.

- Tu marca trabaja con cuero argentino y producción artesanal. En un momento donde la moda cambia tan rápido, ¿por qué elegiste apostar por piezas más nobles, duraderas y con identidad propia?
- Haber estado tantos años del otro lado de la industria me hizo entender muy bien cómo funciona el ritmo de la moda. Sé lo que significa terminar una colección de verano y ya estar pensando en la de invierno, correr detrás de los tiempos, de las tendencias, de los lanzamientos. Y justamente eso era lo que yo no quería para mi marca: no quería vivir corriendo.
Entonces me pregunté qué quería construir realmente, y la respuesta fue clara: una marca atemporal. Un lugar donde alguien pueda encontrar una pieza con identidad, que no dependa de una tendencia pasajera. Que entre buscando, por ejemplo, un cinturón clásico y sepa que va a encontrar algo que pueda usar hoy, dentro de un año o dentro de diez.
Creo que hoy el mundo va demasiado rápido y yo soy bastante más tranquila en ese sentido. Me gusta darle tiempo a cada proceso, a cada producto, a cada detalle. Si una muestra hay que hacerla diez veces hasta que quede perfecta, se hace diez veces.
También me involucré mucho en la elección de los materiales. Trabajo con cuero argentino, que tiene una calidad increíble, y también con algunos cueros italianos. Me gusta elegir personalmente cada material, cada hebilla, cada terminación. A veces encuentro una pieza única y decido hacer una edición limitada a partir de eso.
Más que seguir la velocidad de la moda, quise construir algo más noble, más duradero y con personalidad. Algo que tenga sentido y que realmente conecte con quien lo usa.

- Hoy muchas modelos buscan construir una marca personal más allá de las campañas. ¿Sentís que tu firma de accesorios también habla de quién sos fuera de las fotos?
- Sí, totalmente. Yo creo que mi marca muestra una parte mucho más íntima y real de mí. Ya no tiene que ver solamente con una imagen o con ese momento puntual frente a una cámara, sino con mis gustos, mi sensibilidad y con la forma en la que veo las cosas.
Ago habla muchísimo de quién soy. Habla de mi personalidad, del amor que tengo por los detalles, de mi conexión con lo artesanal y con el valor que hay detrás del trabajo hecho a mano.
Soy una persona muy observadora y también me gusta involucrarme en cada etapa del proceso creativo. Desde elegir los materiales hasta pensar cómo quiero que se sienta alguien cuando use una de mis piezas. Y creo que, justamente, eso es lo que refleja la marca: una extensión muy genuina de mí, pero fuera de las fotos y desde un lugar mucho más auténtico.

- Si hoy pudieras hablar con esa chica de Belgrano que iba a castings con una mezcla de ilusión y nervios, ¿qué le dirías?
- Le diría que disfrute. Que disfrute mucho más del proceso. Cuando una es chica muchas veces quiere llegar rápido, cumplir objetivos, ir por todo, y con el tiempo entendés que lo más valioso también pasa en el camino.
Le diría que no tenga tanta ansiedad por llegar, porque cada experiencia, cada casting, cada no y cada sí iban a construir una parte muy importante de la mujer que soy hoy.
Y, sobre todo, le diría que nunca pierda esa sensibilidad ni esa ilusión con la que iba a cada casting. Porque esa mezcla de nervios, emoción y ganas fue, en gran parte, lo que me trajo hasta acá y sigue siendo una parte muy importante de quién soy hoy.


