La historia de amor de Chiche Gelblung y Cristina Seoane comenzó en el mismo lugar donde él pasaba gran parte de sus días: una redacción. Entre cierres, reuniones, producciones fotográficas y tapas que hacían historia, sus caminos se cruzaron en la revista Gente.

Fue en 1975. Chiche era por entonces el director de la revista. Cristina, una de las modelos de la época, había sido convocada para participar de una producción de los tradicionales Personajes del Año. Ella era chica de tapa de GENTE y la modelo más requerida por las marcas para sus avisos en tevé. Ninguno podía imaginar que aquel encuentro profesional sería el comienzo de una relación que se extendería durante casi medio siglo.

Primero llegaron las miradas y el interés mutuo. Después, una vida en común que logró sobrevivir a las exigencias del trabajo, la exposición pública, las crisis y el paso del tiempo.

De modelo a compañera de trabajo

Después de conocer a Chiche, Cristina dejó progresivamente el modelaje y comenzó a trabajar como productora de fotografía en Gente. La revista que los había reunido se convirtió así en el escenario de los primeros años de la pareja.
Compartían jornadas intensas, viajes y el ritmo vertiginoso de una publicación que marcaba la agenda de la Argentina. Él estaba dedicado a buscar historias y construir tapas; ella conocía desde adentro el universo de la imagen y las producciones.

Pero mientras Chiche se transformaba en una de las figuras más reconocidas de los medios, Cristina fue eligiendo un lugar mucho más reservado. Lejos de buscar protagonismo, protegió la intimidad de la pareja y de la familia que comenzaron a construir juntos.
Un amor real, lejos del cuento perfecto
La relación no estuvo exenta de dificultades. Ellos mismos hablaron con sinceridad y humor sobre las crisis que atravesaron durante los primeros años.

No intentaron presentar su matrimonio como una historia perfecta. Hubo diferencias, momentos complejos y decisiones que pusieron a prueba el vínculo. Sin embargo, con el tiempo lograron consolidar una pareja que resistió casi cinco décadas.
Cristina conocía como pocas personas al hombre que existía detrás del personaje. Detrás del periodista frontal, enérgico y muchas veces polémico, estaba Samuel: el hombre que arrastraba las marcas de una infancia difícil, que necesitaba sentirse acompañado y que encontraba en su hogar un espacio alejado de las cámaras.
La familia que construyeron juntos
Chiche y Cristina tuvieron tres hijos: Federico, María y Magdalena, a quien llaman Maggie. Con los años llegaron también sus siete nietos, que se convirtieron en una de las mayores alegrías del periodista.

Cuando a Chiche le preguntaban qué era lo mejor que le había sucedido en la vida, no elegía sus éxitos profesionales, las entrevistas inolvidables ni los reconocimientos obtenidos durante más de seis décadas de carrera. Hablaba de sus hijos y de sus nietos.
Allí estaba su verdadera medida del éxito: en la familia que había logrado construir junto a Cristina.
Cristina, su sostén en los momentos más difíciles
Durante los últimos años, cuando los problemas de salud comenzaron a interrumpir su rutina, Cristina permaneció a su lado. Lo acompañó durante sus internaciones y también en las recuperaciones, cuando Chiche volvía a pensar en el trabajo y se resistía a abandonar el periodismo.
Ella fue su compañera, pero también su gran sostén. Mientras él seguía mirando hacia afuera, pendiente de la actualidad y de la próxima noticia, Cristina cuidaba el mundo que habían construido puertas adentro.

Su historia había comenzado bajo las luces de una producción fotográfica, pero su parte más valiosa transcurrió lejos de los flashes: en los días compartidos, en la crianza de sus hijos, en la llegada de los nietos y en la decisión de permanecer juntos incluso cuando la vida se volvía más difícil.

Tras la muerte de Chiche Gelblung, ocurrida este miércoles a los 82 años, Cristina despide mucho más que a una de las grandes figuras del periodismo argentino. Despide al hombre que conoció en una redacción cuando ambos eran jóvenes, al padre de sus hijos y al compañero con quien escribió una historia de amor de casi medio siglo.
Una historia que nació en las páginas de una revista, pero que encontró su verdadero sentido fuera de ellas.
Archivo: Gustavo Ramírez



