Durante la pandemia, Renata Schussheim encontró en el dibujo una forma de atravesar el encierro. De aquellos días surgieron nadadoras en mares negros, cuerpos suspendidos y criaturas que parecen estar siempre a punto de transformarse. “Esos dibujos me rescataron”, cuenta. Hoy, esas imágenes integran Fulgor, una muestra concebida especialmente para Italia que une dos ciudades muy presentes en su historia.
Curada por Romina Del Prete, la exposición se presentó en septiembre en ContArt Gallery Venecia y continuará del 17 al 30 de octubre en la sede de la galería en Roma. Es una única muestra desplegada en dos espacios: del agua y el carácter escénico de Venecia a una Roma ligada, para Renata, al teatro, la danza y los recuerdos de sus viajes.
En esta charla, la artista habla de aquello que busca despertar en quien mira su obra, de lo que aprendió observando a los bailarines y del pudor que todavía siente cada vez que inaugura una exposición. Después de seis décadas de trayectoria, los nervios siguen ahí. También las ganas de dibujar, de imaginar proyectos nuevos y de hacerlos realidad.
-Fulgor habla de aquello que emerge de la oscuridad y de lo que estaba sumergido. ¿Qué sentís que aparece hoy en tu obra que quizás hace algunos años todavía no estaba listo para salir a la superficie?
-Es una muestra que los dibujos los hice en pandemia y de alguna manera me rescataron. Ha sido una sensación de mucho final apocalíptico y depresión globalizada, y creo que salió por ahí. Son como muy difíciles de analizar o lo que sale artísticamente, así que no tengo mucha claridad al respecto.

Creo que fue muy beneficioso para mí hacerlo en ese momento en que estábamos todos encerrados.
-En esta muestra vuelven el agua, los cuerpos suspendidos, la noche y esas criaturas difíciles de definir. ¿Qué representan para vos esos seres ambiguos que habitan tu imaginario?
-Nada. Significan simplemente eso, una ambigüedad, una mezcla entre humano y animal. Pero también es importante que el que mira pueda asociar que lo que yo dibujo es algo que sale dentro de una oscuridad no demasiado intelectual.

-Dijiste alguna vez que lo fundamental para vos es provocar un sentimiento, ya sea placer, inquietud o deseo. ¿Qué te gustaría que le sucediera al espectador cuando se encuentre frente a Fulgor?
-Justamente lo que me gustaría que le suceda al espectador es que le provoque placer, inquietud y deseo... en ese orden.
-La muestra fue pensada especialmente para desplegarse entre Venecia y Roma.¿Cómo dialoga tu obra con dos ciudades tan cargadas de historia, belleza, teatralidad y memoria?
-Cuando llegó el momento de elegir qué obra llevaba, penséen esos dibujos. Conozco Italia y la amo profundamente. Trabajé en Roma, en teatro, y conozco Venecia también. Me pareció que congeniaba. Esa serie de dibujos, esas nadadoras en mares negros, eran para ir a Italia.
-Venecia tiene una relación inevitable con el agua, uno de los grandes elementos de esta exposición. ¿Sentiste que llevar Fulgor allí le daba a la obra un significado nuevo?
-Cada mirada de alguien que mira una obra le da un significado nuevo. No sé si es tanto el lugar en donde se desarrolla, sino la mirada del que mira.
-Roma, en cambio, aparece muy ligada a la escena, el cuerpo, la ópera y el teatro, universos que también atravesaron gran parte de tu carrera. ¿Qué vínculo personal y artístico tenés con Italia?
-Tiene mucho que ver porque para mí tiene recuerdos muy increíbles. Todos los viajes que hice a Italia por trabajo y por placer... Es un país que yo sentí que me pertenecía -apenas puse un pie- mucho más que España, que uno dice es la madre patria.
En Italia sentí eso de reconocerme muy argentina. Siempre tuve esa sensación y, aparte, me siento feliz y cómoda.
-Tu trabajo siempre estuvo en un territorio donde se cruzan las artes visuales, el teatro, la danza, la música y la moda. ¿Nunca sentiste la necesidad de separar esas disciplinas o para vos forman parte de un mismo lenguaje?
-Sí, hay momentos en que todas las cosas se unifican, aparecen o se relacionan y a veces no, porque son realmente disciplinas muy distintas. Estar dibujando es muy diferente a estar haciendo una obra de teatro o un espectáculo de danza, que son trabajos más grupales.

En cambio, lo de las artes visuales a veces, el principio es muy solitario. Pero hay momentos en donde todo se une.
-Trabajaste en vestuario y puesta en escena con artistas enormes, desde Julio Bocca hasta Charly García, y llevás cincuenta años colaborando con Oscar Araiz. ¿Qué aprendiste del cuerpo en escena que después trasladás a tus dibujos y pinturas?
-Como yo me inicié con la danza, aprendí muchísimo mirando los ensayos de Oscar Araiz y viendo cómo se movían los bailarines, estudiando detenidamente los cuerpos. Esa información me era administrada visualmente y después aparecía en mis dibujos.
Tengo un libro de artista, un libro blanco, en el que empecé a dibujar sobre los bailarines. No lo terminé, pero sí aprendí mucho mirando. Y es como se aprende: mirando.
-Acabás de publicar un libro de figurines. ¿Qué lugar ocupa el figurín en tu proceso creativo: es un boceto, una obra en sí misma o una especie de puerta de entrada a un personaje?
-El libro de figurines es un sueño hecho realidad. Estoy tan contenta y son todas las cosas que me preguntan, realmente para mí tiene un valor artístico y de investigación sobre el personaje. Me ayuda a entender a mí, a los realizadores... Entonces es todo un mundo que se relaciona con toda la gente que participa en el teatro, que es una tarea colectiva.

-Tus personajes muchas veces parecen estar a punto de transformarse en otra cosa. ¿Te interesa especialmente ese instante en el que una identidad deja de ser completamente reconocible?
-Sí, me interesa, me inquieta cuando algo se está transformando en otra cosa. Y me divierte.
-A lo largo de seis décadas de trabajo cambió radicalmente la manera de producir, exhibir y consumir arte. ¿Qué cosas cambiaron en vos como artista y cuáles siguen siendo exactamente las mismas que cuando empezaste?
-Cambiaron muchas cosas porque era más directa la relación con las galerías de arte. No había un intermediario que es el curador. Entonces eso modificó absolutamente para mí el mercado del arte, una palabra que no sé si me gusta o me provoca una cierta náusea.
Soy fiel a mí misma y siempre pienso que sigo siendo honesta con lo que me gusta hacer y no con lo que se espera, o con hacer determinadas concesiones, sonrisas o "public relations" para obtener cosas.

-Recientemente recibiste el título de Doctora Honoris Causa de la UBA, además de tantos reconocimientos a lo largo de tu carrera. ¿Cómo se recibe un homenaje de esta dimensión cuando todavía sentís que estás creando y mirando hacia adelante?
-Es una cosas más hermosas y gratificantes que me han sucedido y he recibido bastantes premios más relacionados con teatro. Pero este premio de la universidad es algo que me llena de orgullo porque siempre estuve orgullosa de la UBA, de su educación -tan buena y gratuita-. Es algo absolutamente gratificante, me hace sentir más feliz que casi cualquier cosa.
-Eduardo Galeano escribió sobre tu obra preguntándose hacia qué otra tierra nos lleva cuando la miramos. ¿Sentís que crear sigue siendo para vos una manera de viajar hacia lugares que todavía no conocés?
-Sí, claro. Ese texto de Galeano es maravilloso, como él fue maravilloso y como fue amigo en toda la época de la revista Crisis. Yo ilustré un número de esa revista. Iba a visitar a Eduardo, nos íbamos a tomar café y a charlar de la vida... Y claro, el arte abre caminos y te permite crecimiento dentro de lo cual están todas las disciplinas artísticas, desde la escritura, la música y todo lo que hace bien al alma.

-Después de tantos años de trayectoria y de haber expuesto en distintas ciudades del mundo, ¿todavía existe el vértigo antes de inaugurar una muestra?
-Me sigue dando vértigo no solo inaugurar una muestra, presentar un espectáculo, los figurines... Todo me sigue dando -por suerte- los mismos nervios de cuando era joven.
No tengo una sensación de que el tiempo pasó. Mi experiencia o la cantidad infinita de trabajo que hice me hayan aportado algo de tranquilidad en ese momento en que uno está de alguna manera presentándose o exhibiéndose. Es como que uno está colgado ahí en las paredes y es algo que por momentos me da pudor.
Me acuerdo que cuando hice Nave o Travesía en Recoleta, había descubierto un pequeño cuarto y entonces cuando daban sala y la gente entraba, yo me escondía ahí para no tener que ver a nadie y evitar que me preguntaran porque me daba verguenza.
-Y después de Fulgor, del libro de figurines y de este momento de tantos reconocimientos, ¿qué te sigue dando curiosidad? ¿Qué sentís que todavía te falta explorar?
-Me encantaría hacer un documental y otros libros. Tengo ideas y cuadernos de artista. Me encantaría hacer otra exposición con cosas nuevas y tener más tiempo para dibujar.

Digamos que el estímulo está y yo sigo trabajando. Ayer presenté unos figurines para hacer una ópera el año que viene en el Colón. Estoy con un libro en prensa en este momento que está se está imprimiendo, increíblemente hermoso. Lo hicimos con un equipo de gente y es sobre el Teatro Colón, sobre su historia y mi mirada.
No se puede contar todo lo que pasó en ese teatro porque sería más que la Enciclopedia Británica, pero digamos tiene la mirada de las cosas que yo admiré y las que compartí más las que me contaron.
Así que en ese sentido estoy super estimulada y con proyectos para fin de año para exponer. Creo que es un motor maravilloso. Me imagino cosas y las trato de concretar. Así que no hay que perder el estímulo, ni el de uno mismo ni el de afuera.

