La piel puede verse más opaca, apagada o con las líneas de expresión más marcadas después de períodos de poco descanso, estrés o cambios en la rutina. Pero detrás de lo que muchas veces llamamos “piel cansada” también pueden existir otros factores, desde una alteración de la barrera cutánea hasta el daño solar acumulado.
En paralelo, las redes sociales multiplican las tendencias y rutinas de skincare que prometen mejorar la apariencia de la piel, desde prácticas como el slugging hasta la llamada cinta facial para suavizar las arrugas. ¿Qué funciona realmente y qué es simplemente una moda?
Para responder estas preguntas, Para Ti consultó a la Dra. Julieta Picos (MN 134.767), dermatóloga estética, quien pone el foco en algo que muchas veces queda relegado frente a la cantidad de productos disponibles: conocer las necesidades de cada piel y elegir una rutina simple, constante y basada en evidencia.
"Mi primera recomendación no suele ser sumar diez productos"
-¿Qué significa realmente tener la “piel cansada” desde el punto de vista dermatológico?
-“Piel cansada” no es un diagnóstico dermatológico en sí mismo, sino una manera de describir una piel que se ve menos luminosa, más opaca, con menor uniformidad y, muchas veces, con signos transitorios como ojeras, hinchazón o líneas de expresión más marcadas.
El aspecto de la piel puede estar muy influenciado por factores cotidianos. Dormir poco, por ejemplo, puede afectar la hidratación, la función de barrera y algunos parámetros relacionados con la apariencia y luminosidad de la piel.

También influyen el estrés, los cambios ambientales, una rutina demasiado agresiva o inadecuada para nuestro tipo de piel y, por supuesto, la exposición solar acumulada.
Por eso, cuando alguien me consulta porque siente que tiene la “piel apagada”, mi primera recomendación no suele ser sumar diez productos. Primero intento entender qué está pasando con esa piel. Para mí, ese diagnóstico es mucho más importante que seguir una tendencia.
"La exposición solar repetida a lo largo de los años genera alteraciones en el colágeno"
-Muchas veces pensamos que las manchas y las líneas de expresión son simplemente parte del paso del tiempo. ¿Cuánto tiene que ver realmente el envejecimiento cronológico y cuánto el daño solar acumulado?
-Hay una combinación de ambos procesos. Existe un envejecimiento cronológico, que es fisiológico e inevitable, pero sobre él se suma el envejecimiento extrínseco, y dentro de este, el sol tiene un papel fundamental.
El fotoenvejecimiento es acumulativo: la exposición solar repetida a lo largo de los años genera alteraciones en el colágeno, la elastina y otros componentes de la piel. Clínicamente puede manifestarse como arrugas, cambios en la textura, manchas, alteraciones de la elasticidad y en el tono de la piel.

Una característica que muchas veces nos orienta hacia el fotoenvejecimiento es justamente la combinación de manchas, textura irregular, pérdida de elasticidad y arrugas, especialmente en zonas crónicamente expuestas al sol.
Y hay algo importante: el daño solar no empieza el día en que aparecen las manchas. Es un proceso acumulativo que puede permanecer silencioso durante años. Por eso la fotoprotección no debería empezar cuando aparecen los primeros signos de envejecimiento, sino en la primera infancia.
"Hay que pensar en reducir la exposición acumulada"
-¿A partir de qué momento el daño provocado por el sol empieza a hacerse visible? Más allá de las quemaduras, ¿qué cambios pueden aparecer de manera silenciosa y cuáles son los hábitos de fotoprotección que realmente tienen impacto a largo plazo?
-No existe una edad exacta a partir de la cual podamos decir “ahora empieza el daño solar”. La radiación UV genera daño desde las primeras exposiciones y este se va acumulando a lo largo de la vida. Lo visible aparece después, cuando ese daño acumulado comienza a expresarse clínicamente.
Además de las quemaduras, pueden aparecer alteraciones de la pigmentación, cambios en la textura, pérdida progresiva de elasticidad y arrugas, y producirse modificaciones celulares que no son visibles a simple vista y que, con el tiempo, pueden favorecer la aparición de lesiones precancerosas y cáncer de piel.
Esto no significa que cada exposición solar vaya a producir cáncer, pero sí que la exposición acumulada y las quemaduras, especialmente durante la infancia y la adolescencia, aumentan el riesgo. Por eso la fotoprotección también debe pensarse como una medida de prevención del cáncer de piel, no solamente como una estrategia estética.

Para mí la fotoprotección efectiva no consiste únicamente en ponerse protector solar cuando vamos a la playa. Es un hábito cotidiano: utilizar un protector de amplio espectro con FPS 30 o superior, aplicarlo en cantidad suficiente y reaplicarlo cuando corresponda, especialmente si estamos al aire libre, transpiramos o nos mojamos.
También son importantes las medidas físicas como la sombra, la ropa, el sombrero y los anteojos de sol. Y en personas con tendencia a manchas o melasma, también podemos considerar la protección frente a la luz visible, especialmente determinadas longitudes de onda del espectro azul-violeta, donde los fotoprotectores con color pueden tener un rol importante.
Mi mensaje sería: no hay que pensar solamente en evitar la quemadura; hay que pensar en reducir la exposición acumulada.
"Una rutina no debería construirse a partir de lo que está de moda"
-En redes sociales aparecen constantemente tendencias como el slugging o la llamada “cinta facial” para prevenir o suavizar arrugas. ¿Qué hay de cierto en estas prácticas?
-Creo que este es un buen ejemplo de por qué no deberíamos incorporar automáticamente todo lo que vemos en redes.
El slugging, que consiste en aplicar una capa oclusiva, habitualmente vaselina, como último paso de la rutina, puede ser útil en determinados casos porque disminuye la pérdida de agua y ayuda a mantener la barrera cutánea. Podría tener sentido, por ejemplo, en personas con piel muy seca o con determinadas alteraciones de la barrera, pero no significa que sea necesario para todo el mundo.
En una piel grasa o con tendencia al acné, una capa muy oclusiva puede resultar incómoda e incluso favorecer brotes.
Con respecto a la cinta facial, la idea es limitar temporalmente el movimiento de determinados músculos y, de esa manera, intentar suavizar algunas líneas de expresión. Puede generar una sensación de piel más lisa de manera transitoria, pero no debemos confundir ese efecto con un tratamiento capaz de revertir el envejecimiento cutáneo.
No considero que la cinta pueda reemplazar medidas que sí tienen evidencia para prevenir el envejecimiento cutáneo, ni procedimientos dermatológicos destinados específicamente a tratar las arrugas.

En general, antes de incorporar una tendencia viral me hago dos preguntas muy sencillas: ¿qué problema estoy intentando resolver? y ¿existe evidencia de que este método realmente lo resuelva?
Porque una rutina no debería construirse a partir de lo que está de moda, sino a partir de lo que necesita nuestra piel y está demostrado que funcione.
"No necesitamos tener diez pasos para cuidar nuestra piel"
-Si tuvieras que armar una rutina básica de cuidado facial para una persona que quiere mejorar la calidad de su piel sin caer en rutinas interminables, ¿cuáles serían los pasos realmente imprescindibles?
-Soy muy partidaria de las rutinas simples. Una rutina efectiva no necesariamente es una rutina larga. Para una persona sin una patología dermatológica específica, pensaría en tres pilares:
1. Limpieza: un limpiador adecuado para el tipo de piel, sin necesidad de agredir ni generar sensación de tirantez.
2. Hidratación: una hidratante adecuada para las necesidades de la piel. Mantener una buena función de barrera es fundamental y, además, la hidratación puede mejorar temporalmente el aspecto de las líneas finas y la luminosidad.
3. Fotoprotección: probablemente el paso más importante de todos cuando hablamos de prevención del fotoenvejecimiento. Un protector de amplio espectro, FPS 30 o superior, utilizado de manera consistente.
Después podemos sumar activos según el objetivo. Sólo como ejemplos: los retinoides tienen evidencia para mejorar textura, líneas finas y algunas alteraciones de pigmentación, mientras que la vitamina C puede ser útil en determinados esquemas para tratar fotoenvejecimiento y manchas.
Pero hay algo que siempre remarco: no todo activo sirve para todos. La concentración, la formulación, la frecuencia de uso y, sobre todo, el diagnóstico de la piel importan.
No necesitamos tener diez pasos para cuidar nuestra piel. Necesitamos entender qué necesita, elegir productos con evidencia y ser constantes. Para mí, esa es la diferencia entre una rutina que simplemente está de moda y una rutina dermatológicamente pensada.
Dra. Julieta Picos, Dermatóloga estética, MN 134.767 @drajulietapicos

