Cómo soltar el control y reducir la ansiedad en el día a día
 

Aprender a soltar el control: por qué querer tener todo resuelto nos genera más ansiedad

Aprender a soltar el control: por qué querer tener todo resuelto nos genera más ansiedad
Vivimos en una época en la que intentamos anticiparnos a todo. Sin embargo, querer controlar cada variable no nos protege, sino que nos agota. Las claves de un especialista para volver al presente y recuperar la calma.
Santiago Bras Harriott
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Vivimos en una época en la que pareciera que tenemos que tener respuestas para todo: saber qué va a pasar con nuestro trabajo, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestra economía y hasta con aquello que todavía ni siquiera ocurrió. Queremos anticiparnos. Organizamos, proyectamos, calculamos escenarios y tratamos de reducir al mínimo la incertidumbre. Y aunque planificar es saludable, existe un punto en el que esa necesidad de control deja de protegernos y empieza a agotarnos.

En el consultorio veo con frecuencia personas que llegan cansadas no solamente por lo que les está pasando, sino por todo lo que están intentando evitar que les pase. Por eso suelo hacerles una pregunta muy sencilla: "¿Cuánto de lo que hoy te preocupa está sucediendo realmente y cuánto está ocurriendo solamente en tu cabeza?". La diferencia puede ser enorme.

El cerebro quiere certezas

Frente a la incertidumbre, nuestra mente intenta completar los espacios vacíos: imagina escenarios, anticipa conversaciones, calcula consecuencias y busca respuestas. El problema aparece cuando confundimos anticipación con preparación. Prepararse significa ocuparse de aquello sobre lo que podemos actuar; anticiparse compulsivamente, en cambio, es intentar resolver hoy situaciones que todavía no existen.

Por eso les digo muchas veces a las personas que vienen a verme: "No intentes resolver el jueves si todavía estás viviendo el lunes." Hay conversaciones que todavía no sucedieron, decisiones que todavía no fueron tomadas y problemas que quizás nunca aparezcan. Sin embargo, podemos pasar horas —e incluso noches— intentando solucionarlos mentalmente. Eso no nos prepara: nos desgasta.

Existe una fantasía bastante instalada: "Si logro controlar todas las variables, voy a estar tranquilo". Pero la vida no funciona así. Podemos organizar nuestras finanzas, cuidar nuestra salud, trabajar responsablemente y planificar nuestro futuro, y todo eso es necesario. Lo que no podemos hacer es garantizar cómo actuarán los demás ni conocer exactamente qué ocurrirá dentro de seis meses.

Por eso hay una distinción que trabajo muchísimo en coaching y psicología: diferenciar control de responsabilidad. Ser responsable es hacerme cargo de lo mío; controlar es pretender hacerme cargo también de aquello que no depende de mí. Y cuando intentamos controlar lo segundo, aparece una enorme pérdida de energía.

Tres preguntas para volver al presente

Cuando alguien llega al consultorio atravesado por una preocupación, muchas veces trabajamos sobre tres preguntas: ¿qué está pasando realmente hoy?, ¿qué parte de esta situación depende de mí? y ¿cuál es la próxima acción concreta que puedo realizar? No diez acciones ni solucionar los próximos seis meses: la próxima.

Tal vez sea hacer una llamada, mandar un mail, ordenar las cuentas, mantener una conversación pendiente, pedir ayuda o simplemente descansar y retomar el problema mañana. Cuando encontramos esa próxima acción, la ansiedad suele disminuir porque dejamos de luchar contra un futuro imaginario y recuperamos capacidad de acción en el presente.

La vida también se construye paso a paso

Durante años acompañando personas, equipos y ejecutivos aprendí algo que sigo viendo una y otra vez: muchas transformaciones importantes no empiezan con una gran decisión, sino con pequeñas decisiones sostenidas. Dormir un poco mejor, poner un límite, ordenar las finanzas, retomar una conversación, volver a entrenar, pedir ayuda, decir que no o animarse, finalmente, a decir que sí.

No necesitamos tener nuestra vida completamente resuelta para empezar a sentirnos mejor; necesitamos recuperar la sensación de que podemos ocuparnos del próximo paso. Por eso hay otra frase que repito mucho en el consultorio: "No necesitás saber cómo termina la película. Necesitás saber cuál es tu próxima escena."

A veces confundimos soltar con resignarnos. Pero soltar el control no significa dejar de actuar: significa actuar con toda nuestra capacidad sobre aquello que depende de nosotros y aceptar que existe una parte de la vida que no podemos administrar. Paradójicamente, cuando dejamos de intentar controlar todo, recuperamos algo mucho más importante: nuestra capacidad de elegir cómo queremos vivir aquello que nos está pasando.

Quizás no podamos decidir todas las circunstancias, pero sí podemos preguntarnos, cada mañana: ¿Qué depende de mí hoy? Y empezar por ahí.

*Santiago Bras Harriott es coach ejecutivo

 
   

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