Durante más de quince años, Virginia Guidetti desfiló para algunas de las casas de moda más importantes del mundo. Prada, Dior, Stella McCartney, Alberta Ferretti y Paul Smith fueron apenas algunas de las firmas que marcaron una carrera que la llevó a vivir entre Nueva York, París, Londres y Tokio. Sin embargo, cuando parecía haber alcanzado el sueño de cualquier modelo, decidió escuchar esa pasión que la acompañaba desde chica y cambió las pasarelas por las rutas.
Hoy, con una comunidad de miles de seguidores, competencias de motociclismo, viajes de aventura y kilómetros recorridos sobre dos ruedas, Vir se convirtió en una de las referentes femeninas del motociclismo argentino. En esta charla con Para Ti, habla sobre los miedos, las decisiones que cambiaron su vida y por qué cree que nunca es tarde para animarse a empezar de nuevo.
Virginia Guidetti, de modelo internacional a piloto de motos
1. Durante muchos años viviste el sueño de cualquier modelo internacional. ¿En qué momento sentiste que ese mundo ya no te hacía tan feliz y que las motos ocupaban un lugar mucho más importante en tu vida?
-Durante toda mi adolescencia, ser modelo era mi objetivo. Estaba muy enfocada en llegar a trabajar al más alto nivel internacional y tuve la posibilidad de hacerlo en ciudades como Nueva York, Londres, París y otras capitales de la moda.

Ya en mis 20 años, estaba trabajando en Japón cuando me llamó mi familia, súper emocionados porque mi papá había comprado una moto. Justo estaba terminando mi contrato con la agencia y tenía que decidir si me quedaba o volvía. Profesionalmente me estaba yendo bien, pero la posibilidad de volver y descubrir ese mundo nuevo que se abría con la moto me hizo elegir regresar.
También influía que el estilo de vida que llevaba era bastante solitario. Si bien viajando y compartiendo departamento con otras chicas generás vínculos, muchas veces son amistades pasajeras. La soledad me jugaba en contra y decidí volver, resetear y ver de qué se trataba esto de andar en moto. Con el tiempo, esa curiosidad inicial fue evolucionando: pasé del asfalto al universo Adventure y al off-road, buscando salir de la zona de confort y conectar con paisajes mucho más agrestes y reales.

2. Trabajaste para firmas como Prada, Dior o Stella McCartney y recorriste el mundo. ¿Qué aprendiste de esa etapa que hoy seguís aplicando en tu vida como piloto y creadora de contenido?
-Lo que aprendí en esa etapa, lamentablemente, no lo pude aplicar en ese mismo momento. Lo veo más claro ahora, pasado el tiempo y luego de asimilar, que uno es dueño de su futuro, que las cosas se dan por decisión propia, por estar determinado en los objetivos, y por ser muy consciente de cuándo quizás las emociones definen que uno tome acción o no. Por ejemplo, el miedo.
Hay que soñar en grande, porque las cosas se pueden dar, y entender que paso a paso se va llegando lejos. Es muy gratificante cuando mirás para atrás y ves desde dónde estás ahora. En mi caso, podría ser un desfile de alta costura en Nueva York o Londres, y me imagino a la chica de San Lorenzo, Santa Fe que soñaba con un día estar ahí. Lo mismo me pasa hoy cuando tomo algún camino de ripio o un camino exigente de off-road con mi 800 Rally para llegar a algún pueblo aislado o un lugar remoto marcado en el mapa.

3. Muchas personas sueñan con cambiar de vida, pero pocas se animan. Vos incluso vendiste un terreno para comprar tu moto de competición. ¿Qué le dirías a alguien que siente que está postergando su verdadera pasión por miedo?
-No hay nada más lindo que hacer algo con pasión. Levantarte a la mañana con ganas de encarar el día, de hacer lo que te gusta hacer, sea viajar en moto, cocinar o hacer el trabajo que te gusta.
Noto que, en la sociedad en general, el bien propio no está tan priorizado. La vida se encara más en piloto automático, cumpliendo objetivos que se supone que son los que hay que cumplir: conseguir el trabajo, la casa, la familia.
Obvio que son cosas muy buenas, y no todos van a querer ir en contra de eso. Pero si siempre tuviste el anhelo de viajar, de conocer, de ver cada día como una aventura, hay que animarse. Hay que probarlo. No necesariamente hay que dejar todo atrás y quemar los puentes; se puede probar de a poco.

El miedo es algo bueno porque nos mantiene vivos, pero es una emoción que dura segundos. El tema es que el ser humano, de alguna manera, toma las emociones y las prolonga a un estado constante, y eso no es real, es inventado.
Viéndolo de manera global, the big picture, creo que al final uno se va a arrepentir de no haber probado, no de haber intentado. Esa necesidad interna de probar es la que hoy me mueve a internarme en caminos de tierra y terminar acampando a la orilla de un río o durmiendo en un refugio en medio de las montañas. Ahí es donde sentís que estás viviendo de verdad.
4. El motociclismo todavía es un ambiente muy masculino. ¿Sentís que tu historia ayuda a romper prejuicios y a inspirar a más mujeres a subirse a una moto?
-Sí, sin dudas. El motociclismo es un ambiente masculino, aunque en los últimos años fue cambiando mucho. En lo que es turismo, ya se ven muchas mujeres viajando solas, con sus parejas o en grupos. Hace 10 años eso era raro.
En el deporte todavía falta mucho. De a poco se van sumando chicas, pero en Argentina somos muy pocas y, en actividad hoy en día, las contamos con los dedos de una mano.

Yo creo que los prejuicios ya están rotos. El tema es que a la gente le cuesta un poco decidirse y animarse. Por eso creo que es bueno que se pueda ver que es fácil, que se puede.
Que yo esté haciendo y mostrando cosas que incluso a la mayoría de los hombres les costaría animarse, como viajar sola, cargada, y meterme en caminos en el medio de la nada, hace ver que las diferencias no son tan reales como se cree.
5. Si pudieras hablar con aquella Vir de veinte años que desfilaba por París, Milán o Nueva York, ¿qué le dirías hoy? ¿Creés que imaginaba la vida que terminaría eligiendo?
-Creo que no me sorprendería si con 20 años me dijeran que hoy iba a estar viviendo de viajar en moto y contar mi historia. Porque siempre tuve este espíritu de hacer lo que tenía ganas. Era muy indomable de chica en las pequeñas cosas.
Me gustaba la naturaleza, los bichitos, hacer cosas de “chicos” como treparme a los árboles, salir a explorar, cosas que se hacían antes. Y hoy mantengo ese mismo espíritu infantil: asombrarme con las pequeñas cosas, sentirme parte del entorno, no por encima o aparte, como se puede acostumbrar uno en las ciudades. Ese espíritu explorador es la razón por la cual hoy busco internarme en lo agreste: la moto off-road es mi pase de entrada para llegar adonde no llega cualquiera, armar la carpa al costado de la ruta bajo las estrellas o pasar la noche en un refugio de montaña sin señal.

Y si pudiera hablar con esa chica que estaba sola y preocupada por no llegar a los estándares de la moda, le diría que no se preocupe tanto, que disfrute. Que la vida misma es un viaje, que tome lo bueno, que transite lo malo y que nada es tan grave.
Si vamos al caso, lo único grave es la salud propia y la de los seres queridos. El resto tiene solución.
6. En tus redes transmitís mucho más que motos: hablás de libertad, de viajar y de vivir experiencias. ¿Qué significa hoy para vos el éxito? ¿Tiene algo que ver con lo que imaginabas cuando empezaste tu carrera como modelo?
-El “éxito”, para mí, hoy en día, es lograr estar contenta con lo que estoy haciendo, conmigo misma, ser fiel a mis necesidades y gustos. Transitar la vida con disfrute, siendo consciente de que el tiempo pasa muy rápido.
También es identificar las cosas que son importantes en la vida, como las relaciones con los demás, con la familia, ser amable, decirles que los querés, quererse a uno mismo y no quedarse con esas cosas en el tintero. Sobre todo después de que mi papá se fue hace unos meses, eso me quedó clarísimo.
Y trabajar para conseguir esa estabilidad y tranquilidad que ayuda a estar en paz. No para tener más, ni para ser reconocida por los demás como me hubiera gustado cuando trabajaba de modelo: salir en la tapa de las revistas, que todos me trataran por mi nombre de pila como a las modelos top del momento.

Y, sin alargarme demasiado, agregaría que viajando en moto uno se da cuenta realmente de qué tan poco hace falta tener. En moto muchas cosas no se pueden llevar, y menos cuando te metés en travesías donde cada kilo cuenta. Acampar en el medio de la nada o pasar la noche en un refugio te reeduca: te das cuenta de que con la moto correcta, una carpa y lo esencial, no te falta nada.
Vivir más liviana de todas esas cosas que sobran, creo que es lo que hace que la vida sea un poco más fácil.


