Una cirugía plástica no empieza cuando la paciente entra al quirófano. Antes existe una instancia fundamental: la consulta, en la que se evalúa si el procedimiento es adecuado para esa persona, se conocen sus riesgos, se conversan las expectativas y se definen las condiciones en las que se realizará.
“¿Qué resultado puedo esperar?”, “¿cuándo voy a poder volver a trabajar?”, “¿se va a notar la cicatriz?”. Son preguntas frecuentes en una consulta de cirugía plástica. Y son importantes. Pero antes de llegar a ellas hay otras que también deberían formar parte de la conversación: ¿esta cirugía es adecuada para mí?, ¿qué alternativas existen?, ¿qué riesgos tiene?, ¿quién va a realizarla?, ¿dónde se hará y cómo será la recuperación?
La American Society of Plastic Surgeons (ASPS) propone una guía de preguntas para pacientes que incluye justamente estos aspectos: si la persona es una buena candidata para el procedimiento, cuál es la formación y experiencia del cirujano, dónde y cómo se realizará la intervención, cuánto puede durar la recuperación, cuáles son los riesgos y complicaciones, cómo se manejan y qué resultados son razonables. La entidad también señala que una comunicación abierta entre paciente y cirujano, sumada a una comprensión de los objetivos, expectativas y motivaciones, ayudan a determinar si la cirugía plástica es la opción adecuada.
Desde mi perspectiva como cirujano, la consulta no debería reducirse a mostrar una fotografía y hablar de cómo quedará el cuerpo. Es el momento de conocer las características de la paciente, evaluar la indicación, explicar las alternativas y establecer qué resultado puede esperarse de manera realista.
¿Soy una buena candidata para esta cirugía?
Esta es una pregunta que deberíamos hacernos los dos. Que una persona quiera realizarse una intervención no significa necesariamente que sea la mejor opción para ella en ese momento.
La evaluación contempla sus características anatómicas, sus antecedentes y el procedimiento que se está considerando. También es importante explicar por qué se propone una determinada técnica y si existen otras alternativas. La ASPS incluye, dentro de sus recomendaciones, evaluar de forma prioritaria este punto antes de tomar una determinación.
Para una paciente, entender la indicación es tan importante como conocer el resultado que espera obtener. Antes de decidir, debería poder comprender qué se busca corregir o mejorar, qué puede aportar la cirugía y cuáles son sus límites.
¿Qué formación y experiencia tiene el cirujano?
Elegir al profesional también forma parte de la decisión. No alcanza con mirar fotografías de resultados anteriores o con conocer la presencia que tiene un médico en redes sociales. Es razonable preguntar por su formación, certificación y experiencia con el procedimiento que se propone realizar.
En Argentina, la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires (SCPBA) establece entre los requisitos para ser miembro titular poseer título de especialista otorgado por entidades reconocidas por los ministerios correspondientes y contar con certificación o recertificación actualizada en cirugía plástica. Conocer estos antecedentes no reemplaza la consulta personal, pero permite contar con información concreta antes de tomar una decisión.
¿Qué estoy esperando que cambie con esta cirugía?
Esta pregunta merece una conversación sincera. Una cirugía puede modificar una característica determinada del cuerpo, pero las expectativas de una paciente pueden ser mucho más amplias.
Por eso es importante hablar de qué espera conseguir y qué entiende por un buen resultado. Una fotografía de otra persona puede servir como referencia para explicar un deseo, pero no permite anticipar exactamente cómo será el resultado en otro cuerpo. La anatomía, los tejidos, los antecedentes y la evolución individual hacen que cada caso sea diferente.
Por estos motivos, una buena consulta debería permitir definir qué resultado es razonable y también cuáles son los límites del procedimiento. Una buena indicación no consiste solamente en explicar lo que una cirugía puede lograr, sino también en aclarar aquello que no puede garantizar.
¿Cuáles son los riesgos y cómo se manejan las complicaciones?
Ninguna cirugía está libre de riesgos. Hablar de ellos no busca generar temor, sino permitir que la paciente tome una decisión con información suficiente. El profesional debería explicar cuáles son las posibles complicaciones asociadas con el procedimiento y cómo se actuaría si alguna aparece.
También es importante poder conversar sobre aquellas situaciones que pueden requerir una consulta durante el postoperatorio. Una explicación clara permite que la paciente conozca los posibles escenarios antes de decidir.
¿Dónde se va a realizar la cirugía, quiénes van a participar y cómo será la recuperación?
El lugar donde se realiza una intervención también forma parte de la evaluación. La paciente debería conocer dónde se llevará a cabo el procedimiento, quién estará a cargo de la anestesia y cómo estará conformado el equipo médico. Son cuestiones que pueden quedar en segundo plano cuando toda la atención está puesta en el resultado, pero forman parte indispensable de la planificación.
A su vez, el postoperatorio debe abordarse previamente. Es importante saber cuánto tiempo puede demandar la recuperación, qué tipo de ayuda puede necesitar la paciente, cuándo podrá retomar progresivamente sus actividades, cómo serán los controles y a quién deberá contactar si aparece una duda.
En cirugía mamaria existen, además, protocolos orientados a systematizar distintas etapas de este proceso. Es el caso de ERABAS, un protocolo de Rápida Recuperación en cirugía mamaria que desarrollé para organizar la evolución de acuerdo con las características de cada paciente y del procedimiento realizado. Conocer de antemano qué puede ocurrir permite organizar mejor ese período.
Información preoperatoria, dudas y validación de antecedentes
La decisión tampoco puede tomarse sin conocer las condiciones particulares de la paciente. Los antecedentes médicos, las cirugías anteriores, las alergias y la medicación habitual son parte de la información que debe evaluarse durante la consulta para determinar los estudios necesarios. Por eso es clave informar al equipo médico cualquier dato relevante o cambio en el estado de salud antes de la intervención.
Si todavía existen dudas, hay que saber que una decisión quirúrgica no tiene por qué tomarse en la primera cita. Si una paciente no comprende la indicación, quiere conocer otra opción o necesita tiempo, puede plantearlo libremente o buscar una segunda opinión para reunir mayor información. Del lado del cirujano, existe la responsabilidad de evaluar la indicación, explicar los alcances y escuchar las expectativas sin construir la decisión sobre una promesa de resultado.
Finalmente, además de la consulta médica, es recomendable recurrir a fuentes institucionales. Consultar la página oficial de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires —que cuenta con información para pacientes y un Buscador de Profesionales— es un paso aconsejable antes de avanzar.
Una cirugía plástica es una decisión personal que empieza mucho antes del quirófano. La pregunta más importante, entonces, no es solamente “¿cómo voy a quedar?”, sino “¿esta cirugía es una buena decisión para mí?”. Llegar a una respuesta requiere tiempo, información y una conversación abierta entre paciente y cirujano.
El autor es cirujano plástico (MN 107.174), próximo presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires (SCPBA) y creador del protocolo ERABAS de Rápida Recuperación en cirugía mamaria.

