¿Y si además de mirar cómo está una persona, empezáramos a mirar (especialmente) dónde vive? Greenómica BioSpaces propone cruzar medicina de precisión y arquitectura integrativa para medir aquello que muchas veces permanece invisible en una casa, una oficina y otros espacios públicos: la calidad del aire, la humedad, los campos electromagnéticos, los materiales y otros factores que forman parte de nuestro hábitat cotidiano.
Pasamos buena parte del día bajo techo. Trabajamos, dormimos, descansamos, cocinamos y nos relacionamos dentro de espacios que, hasta hace poco, eran considerados apenas el escenario de nuestra vida.

La compañía encabezada por Carolina Prada, médica, y Paola Cena, arquitecta, propone cambiar –y ampliar- esa mirada, entendiendo que el espacio también participa de nuestra salud y que, por lo tanto, puede ser observado, medido y transformado.
La importancia de diagnosticar los espacios que habitamos

“No es una consultora de diseño ni es una clínica -advierten las fundadoras de Greenómica BioSpaces- Es un modelo híbrido que aplica criterios médicos y ambientales concretos —medibles, no solo estéticos— a la concepción de un espacio, ya sea una oficina, una casa o un hotel”.
Detrás de esta definición hay una idea que funciona como punto de partida: diagnosticar a la persona y diagnosticar el lugar donde vive para después cruzar ambos resultados. “Cuando el entorno se diseña a favor de la vida, la arquitectura se transforma en medicina preventiva”, aseguran.
Y se refieren a la “generación de las 4 paredes”: personas que pueden pasar hasta 20 de las 24 horas del día en espacios cerrados. El dato cambia la perspectiva. Si buena parte de nuestra vida sucede puertas adentro, ¿qué estamos respirando?, ¿qué materiales nos rodean?, ¿cómo es la iluminación?, ¿hay humedad?, ¿cómo se ventila ese espacio?

“Más del 99% de la historia evolutiva humana transcurrió en contacto directo con luz solar, naturaleza y materiales orgánicos, mientras que la vida contemporánea se desarrolla mayormente en interiores con confort sintético. El cuerpo humano, biológicamente, sigue ajustado a la primera condición”, describen lo que denominan “desacople biológico”.
Desde esa perspectiva, el problema no estaría solamente en cuánto tiempo permanecemos dentro de un edificio, sino también en las condiciones de esos interiores.
El team Greenómica señala que organismos como la EPA y la OMS documentan que el aire interior puede estar entre dos y cinco veces más contaminado que el exterior.
Carolina Prada y Paola Cena “en el espacio”

Esta innovadora propuesta surge del encuentro entre Carolina Prada, médica, CEO y Directora Médica, con formación en Hematología, Medicina Farmacéutica y Medicina Legal y experiencia en la industria farmacéutica, y la arquitecta Paola Cena, especialista en Salud Geoambiental y Arquitectura Integrativa, con formación en Biohabitabilidad, Geobiología, Feng Shui, Biodecodificación ambiental y Bioenergética.
Mientras Prada analiza a la persona y aporta el marco clínico; Cena estudia el espacio y mide sus condiciones ambientales.
La idea es que ninguna de las dos miradas alcance por sí sola. Y a ellas se suma el ingeniero Mariano Grosso, especializado en Ingeniería Electrónica, que participa en mediciones técnicas vinculadas con campos electromagnéticos y calidad del aire. Es lo que el equipo define como un “doble diagnóstico”: cuerpo y ambiente puestos en relación.
“La arquitectura del siglo XXI no se puede medir únicamente por su estética o su eficiencia energética; debe evaluarse, fundamentalmente, por su capacidad de proteger y potenciar la biología humana”, aseguran.
Claves de una casa saludable

Una casa puede verse luminosa, cálida y perfectamente resuelta y, sin embargo, tener aspectos ambientales que merezcan ser revisados. Greenómica apunta a entrar en el espacio con instrumentos de medición y buscar aquello que el ojo no necesariamente detecta.
El relevamiento contempla radiación electromagnética artificial y natural —incluidas las geopatías—, calidad del aire, compuestos orgánicos volátiles, formaldehído, material particulado, dióxido de carbono, temperatura y humedad. También se analiza la presencia de moho o humedades. La metodología puede aplicarse tanto en viviendas como en oficinas, comercios y hoteles, entre otros ámbitos.
El procedimiento tiene tres momentos: primero, la medición in situ; después, un informe con las acciones de mitigación recomendadas para cada hallazgo; finalmente, un seguimiento durante 30 días para comprobar que las mejoras se mantengan. En paralelo, el diagnóstico clínico analiza a quienes habitan el espacio mediante diferentes estudios y tests.
La intención es evitar que cuerpo y hábitat sean dos mundos separados.
De la evidencia a la casa cotidiana

La conversación sobre salud ambiental también se apoya en investigaciones que relacionan determinados factores del ambiente interior con la salud.
La información reunida por Greenómica señala asociaciones entre los compuestos orgánicos volátiles y síntomas respiratorios y asma; entre humedad, moho e infecciones respiratorias; y entre niveles elevados de CO₂ y menor rendimiento cognitivo. También destaca la relación entre espacios verdes y determinados indicadores de salud mental y cognitiva.
“La buena noticia, tanto en mi experiencia clínica como en la evidencia disponible, es que buena parte de estos factores son modificables -apunta Prada- Estas son las líneas de remediación sobre las que trabajamos, todas con respaldo en la literatura científica”.
Las respuestas pueden ser tan concretas como mejorar la ventilación, reparar humedades, eliminar moho, incorporar purificadores HEPA, revisar determinadas fuentes de exposición electromagnética, sumar naturaleza al entorno cotidiano o elegir materiales y productos con menor carga de COV y químicos sintéticos.
Más allá de la biofilia y la arquitectura

El momento ideal para incorporar esta mirada, según Greenómica, es antes de que una obra o una ambientación estén terminadas.
Orientación, iluminación, materiales e instalaciones son decisiones que pueden pensarse desde el comienzo y que resultan más económicas de modificar en esa instancia.
Pero no es condición indispensable. Una vivienda ya terminada, una oficina en funcionamiento o un hotel en uso también pueden ser evaluados. La metodología permite detectar las condiciones existentes y establecer qué cambios pueden introducirse para mejorar el espacio.
Greenómica se distancia de la idea de que diseñar para el bienestar consiste solamente en sumar plantas, luz natural, formas orgánicas o materiales que transmitan una sensación de calma. La biofilia y la neuroarquitectura tradicional parten de principios generales pensados para un usuario promedio. La propuesta de Greenómica agrega otra capa: primero medir, diagnosticar y después decidir.
Por eso incorpora variables como calidad del aire, COV, humedad, campos electromagnéticos y geopatías, además de los conocimientos propios de la arquitectura integrativa. “En otras palabras: no es diseño inspirado en la naturaleza, es medicina y arquitectura integrativa aplicadas al espacio, con datos concretos de por medio”.
La casa del futuro: medicina y arquitectura aplicadas al espacio

De acuerdo a la visión de futuro que plantea este plan integral, la casa y la oficina ya no serían solamente espacios que se diseñan para ser funcionales, bellos o eficientes, sino entornos capaces de ser monitoreados y ajustados de acuerdo con la biología de quienes los habitan.
Iluminación circadiana, calidad del aire, humedad, radiación electromagnética y otros indicadores ambientales podrían cruzarse con información sobre la salud de sus ocupantes. El resultado sería un espacio capaz de adaptarse con el tiempo y de intervenir activamente sobre el descanso, la productividad y la satisfacción.
La arquitectura, en definitiva, podría empezar a medirse con una pregunta diferente. No solo ¿cómo se ve?, sino también ¿qué efecto tiene sobre nosotros? Y entender el hábitat como una parte más de la medicina preventiva.


