Durante años, cuando se hablaba del paso del tiempo y de fertilidad, la mirada estuvo puesta casi exclusivamente en la mujer. Sin embargo, la edad paterna también puede tener impacto en la salud reproductiva y genética de la descendencia y es un factor que los especialistas consideran cada vez más importante incluir dentro del asesoramiento de quienes desean tener hijos.
Este fue uno de los grandes temas del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), que se realizó del 16 al 18 de septiembre en Buenos Aires bajo el lema “Del comienzo al futuro”.
El encuentro reunió a especialistas locales e internacionales y contó con una invitada muy especial: Louise Brown, la primera persona nacida mediante fertilización in vitro en el mundo, en 1978.
Su presencia permitió poner en perspectiva cuánto cambió la medicina reproductiva en menos de cinco décadas: desde aquella primera fertilización in vitro hasta la ICSI, la donación de gametos, la vitrificación y preservación de óvulos y embriones y, más recientemente, la utilización de inteligencia artificial en diferentes etapas de los tratamientos.
Ser padre después de los 40: qué sucede con la edad paterna
Uno de los ejes que generó especial interés fue la llamada edad paterna avanzada y sus posibles implicancias genéticas.
El doctor Gabriel Ercoli, especialista de Procrearte, explicó durante su presentación que en las últimas décadas aumentó de manera considerable la cantidad de hombres que son padres después de los 40 e incluso de los 50 años.
¿El dato que empieza a cambiar la conversación? La edad del padre también debería ser tenida en cuenta cuando una pareja recibe asesoramiento reproductivo.
“El hecho de tener una edad paterna de 40 años o superior aumenta la probabilidad de que muten genes aleatoriamente; es decir, que aumentan la cantidad de mutaciones de novo”, explicó Ercoli.
Las mutaciones de novo son alteraciones genéticas nuevas que aparecen en el óvulo o el espermatozoide y que no estaban presentes como tales en los padres.
A diferencia de lo que sucede con la edad materna, donde el aumento de la edad está claramente relacionado con un mayor riesgo de ciertas alteraciones cromosómicas, en los hombres el foco está principalmente en mutaciones que pueden producirse en genes específicos.
¿Qué riesgos pueden aumentar?
Según explicó Ercoli, una mayor edad paterna puede asociarse estadísticamente con un incremento del riesgo de determinadas condiciones genéticas o del desarrollo, entre ellas algunas displasias esqueléticas, ciertas malformaciones congénitas y síndromes poco frecuentes.
También existen investigaciones que han encontrado asociaciones entre una mayor edad paterna y algunos trastornos del neurodesarrollo.
Esto no significa que un hombre mayor de 40 años necesariamente vaya a tener un hijo con alguna de estas condiciones. Se trata de incrementos de riesgo poblacional y, especialmente en enfermedades complejas, pueden intervenir numerosos factores genéticos, ambientales y biológicos.
Por eso, más que establecer una edad límite para ser padre, los especialistas ponen el acento en el asesoramiento personalizado.
Ercoli recomendó analizar tanto la edad materna como paterna y revisar los antecedentes personales y familiares, idealmente contemplando hasta tres generaciones. Cuando existen antecedentes relevantes, la consulta con un médico genetista puede permitir evaluar cada situación en particular.
Preservación de la fertilidad: mucho más que congelar óvulos
Otro de los grandes temas del Congreso fue la preservación de la fertilidad, un área que avanzó considerablemente durante los últimos años.
La doctora Liliana Blanco, directora de Procrearte y Maternity Bank, destacó que existen dos escenarios muy diferentes que pueden llevar a una persona a preservar su fertilidad.
Por un lado, está la decisión de postergar la maternidad por motivos personales, laborales o sociales. Por otro, existen situaciones médicas en las que preservar óvulos o tejido reproductivo puede convertirse en una herramienta fundamental, como ocurre con algunos pacientes oncológicos o con personas que deben realizar tratamientos capaces de afectar su fertilidad.
“Observamos grandes avances en todas las áreas y fundamentalmente en preservación de la fertilidad”, explicó Blanco.
Entre las técnicas que continúan desarrollándose se encuentra la criopreservación de tejido ovárico, que puede ser posteriormente reimplantado, y la posibilidad de recuperar ovocitos inmaduros para intentar completar su maduración en el laboratorio.
Esta última estrategia podría resultar especialmente valiosa en aquellos casos en los que un tratamiento médico debe comenzar rápidamente y no existe tiempo suficiente para realizar una estimulación ovárica convencional.
De la primera fertilización in vitro a la inteligencia artificial
Si Louise Brown representa el comienzo de una nueva era en reproducción asistida, la inteligencia artificial aparece hoy como uno de los posibles protagonistas de su próximo capítulo.
“La presencia de Louise Brown representa un antes y un después”, señaló el doctor Gabriel E. Fiszbajn, presidente del Comité Científico del Congreso, al recordar cómo aquel nacimiento impulsó el desarrollo posterior de la embriología y de técnicas que hoy forman parte habitual de los tratamientos.
Ahora, la inteligencia artificial empieza a incorporarse en distintos momentos del proceso.
Puede utilizarse para analizar grandes cantidades de información, colaborar con la toma de decisiones y desarrollar herramientas que ayuden a evaluar diferentes variables relacionadas con los tratamientos.
Uno de los campos que genera mayor interés es el laboratorio de embriología, donde diferentes desarrollos tecnológicos buscan colaborar en el análisis del desarrollo embrionario.
Durante el encuentro científico también se presentó un trabajo sobre el uso de inteligencia artificial para la predicción de embarazo en fertilización asistida, una muestra de cómo estas herramientas comienzan a ser investigadas dentro de la especialidad.
La fertilidad entra en una nueva etapa
“La medicina reproductiva está en constante evolución”, resumió el doctor Gastón Rey Valzacchi, director médico de Procrearte.
Y el Congreso dejó planteada una transformación que excede a una tecnología o a un tratamiento particular.
La edad a la que hombres y mujeres buscan tener hijos cambió. También cambió la capacidad de preservar la fertilidad, avanzaron las herramientas genéticas y la inteligencia artificial comenzó a incorporarse al recorrido de los pacientes.
Casi medio siglo después del nacimiento de Louise Brown, aquella fertilización in vitro que en 1978 parecía revolucionaria es hoy apenas el punto de partida de una especialidad que continúa intentando responder una de las preguntas más personales y universales: cómo ampliar las posibilidades de formar una familia de manera segura e informada.


