La muerte de Mónica Martinich conmocionó a la comunidad del running. Tenía 38 años, era madre de dos hijos y se encontraba entrenando para cumplir uno de sus grandes objetivos deportivos: correr la Maratón de Chicago.
Dos días antes de morir, la atleta había compartido un registro en el que hablaba justamente de aquello que ocupaba buena parte de su vida: correr. Con el paso de las horas, esas imágenes comenzaron a circular nuevamente y sus palabras adquirieron un significado especial entre quienes hoy la despiden.
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En uno de los mensajes que quedaron registrados, Mónica expresó una frase que hoy estremece por el contexto en el que fue pronunciada: “Me rehúso a morir sin antes conocer todo el potencial que tiene mi cuerpo”.
La frase fue recuperada después de su muerte y comenzó a circular en redes sociales, donde muchos de sus seguidores y otros corredores encontraron en esas palabras una última expresión de la pasión con la que encaraba sus desafíos.
“Soy mucho más feliz desde que corro”
En otro video difundido por el Team WeRunGye, el grupo con el que se preparaba para la Maratón de Chicago, Mónica también habló de lo que significaba el running en su vida.
Consultada sobre su relación con el deporte, respondió con emoción: “100%. Soy mucho más feliz desde que corro”.
El registro formaba parte de una entrevista sobre su preparación para la competencia y sobre los sacrificios que implicaba entrenar para una carrera de 42 kilómetros. Mónica hablaba allí del esfuerzo, la disciplina y de la satisfacción que encontraba en el camino hacia esa meta.

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También había compartido otra reflexión sobre el entrenamiento: “Estás corriendo, así te duela, así cueste, vas y punto”, una frase que resumía la determinación con la que afrontaba la preparación para su primera maratón.
El sueño de correr la Maratón de Chicago
Mónica pertenecía a un grupo de runners de Guayaquil y se estaba preparando para participar por primera vez en la Maratón de Chicago, una de las competencias de larga distancia más reconocidas del mundo.
Su entrenamiento formaba parte de una rutina que compartía habitualmente en redes sociales. Allí mostraba carreras, competencias y distintos momentos de su preparación deportiva. El viernes 4 de septiembre, esa rutina terminó de manera trágica.

La tragedia ocurrió durante un entrenamiento
Mónica salió a entrenar junto a otras dos personas en la vía a Samborondón, en Ecuador. El grupo contaba además con un vehículo de apoyo que acompañaba el recorrido.
Durante la madrugada, una camioneta embistió a la corredora a la altura del kilómetro 3 de la vía a Samborondón. El conductor abandonó el lugar después del impacto.
La muerte de Mónica generó una fuerte conmoción entre los corredores de la zona y provocó reclamos para que se esclarezca lo ocurrido. El alcalde de Samborondón, Juan José Yúnez, anunció que se entregarían a las autoridades los registros de las cámaras de seguridad para colaborar con la investigación.
Una frase que hoy tiene otro significado
Mónica hablaba de correr como una fuente de felicidad y como una forma de descubrir sus propios límites. Lo hacía mientras se preparaba para un desafío que finalmente no pudo cumplir.
Por eso, sus palabras de aquellos últimos días volvieron a aparecer después de su muerte. No porque anticiparan lo que iba a suceder, sino porque hoy permiten volver a escucharla hablar de aquello que más la apasionaba.
“Me rehúso a morir sin antes conocer todo el potencial que tiene mi cuerpo”, había dicho.
Dos días después, Mónica murió mientras hacía justamente aquello que había elegido como parte de su vida: correr.



