Bruxismo e hiperhidrosis: cuándo el botox puede ser un tratamiento médico
 

Botox: dos usos médicos que van más allá de las arrugas y pueden mejorar la calidad de vida

Botox: los dos usos médicos que van mucho más allá de la estética
Aunque suele asociarse con tratamientos estéticos, la toxina botulínica también puede utilizarse para aliviar el bruxismo y controlar la hiperhidrosis axilar. En qué casos está indicada, qué resultados puede ofrecer y por qué siempre debe formar parte de un abordaje médico integral.
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El bótox suele aparecer ligado a la medicina estética y al tratamiento de las arrugas. Sin embargo, la toxina botulínica también tiene aplicaciones médicas que pueden ayudar a aliviar distintas afecciones cuando la indicación es la correcta.

La dermatóloga Florencia Paniego (MN 94.996) explica que dos de sus usos más frecuentes son el tratamiento del bruxismo y de la hiperhidrosis axilar, dos condiciones que impactan en la calidad de vida y que requieren una evaluación individual antes de decidir el tratamiento.

Bruxismo: cuándo el bótox puede ayudar y por qué no reemplaza un tratamiento integral

En los últimos años, la toxina botulínica comenzó a utilizarse como una herramienta para aliviar estos síntomas. Sin embargo, Paniego aclara que no representa una solución definitiva ni reemplaza el tratamiento de fondo.

El motivo es que el bruxismo no tiene una única causa. Pueden intervenir la sobrecarga muscular, el estrés, la ansiedad, determinados hábitos, alteraciones en el funcionamiento de la mandíbula e incluso algunos trastornos del sueño. Por eso, antes de pensar en una infiltración, es fundamental identificar qué está ocurriendo en cada paciente.

En la mayoría de los casos, el abordaje comienza con medidas conservadoras, como el uso de una placa de descanso para proteger los dientes, además de kinesiología maxilofacial, ejercicios específicos y la corrección de hábitos que ayudan a disminuir la tensión muscular.

La toxina botulínica encuentra su lugar cuando existe una hiperactividad importante del músculo masetero, dolor persistente o una sobrecarga que no mejora con las estrategias iniciales. En esos casos, disminuye la fuerza con la que ese músculo se contrae, lo que permite aliviar el dolor, la fatiga y la sensación constante de tensión.

Sin embargo, la especialista remarca que aliviar los síntomas no significa curar el bruxismo. El músculo trabaja con menor intensidad, pero eso no elimina necesariamente el factor que desencadena el problema.

Otro aspecto importante es que la placa de descanso puede seguir siendo necesaria, ya que, aunque el músculo pierda fuerza, el contacto entre los dientes puede continuar produciéndose y el protector sigue evitando el desgaste dental.

Además, Paniego señala que el tratamiento puede modificar el volumen del músculo masetero. Al disminuir su actividad, la mandíbula puede verse más afinada. Algunas personas buscan ese efecto estético, mientras que otras se sorprenden al notarlo, por lo que es un aspecto que debe conversarse antes del procedimiento.

Como el masetero es uno de los principales músculos de la masticación, la aplicación debe ser realizada por profesionales con experiencia y conocimiento anatómico para aliviar los síntomas sin afectar funciones tan cotidianas como comer.

Los efectos suelen mantenerse entre tres y seis meses, aunque la duración depende de cada paciente.

Hiperhidrosis: cómo actúa el bótox para controlar el exceso de transpiración

Transpirar es un mecanismo natural del organismo. El inconveniente aparece cuando el sudor deja de responder al calor, al ejercicio o al estrés y comienza a interferir en la vida cotidiana.

Hay personas que eligen la ropa según si se notarán las manchas en las axilas, evitan levantar los brazos, cambian varias veces de remera por día o sienten incomodidad permanente en reuniones laborales o sociales.

En estos casos, la toxina botulínica puede convertirse en una alternativa para tratar la hiperhidrosis axilar.

A diferencia de su uso en el bruxismo, aquí no actúa sobre los músculos, sino sobre las terminaciones nerviosas que estimulan las glándulas sudoríparas. Al bloquear temporalmente esa señal, disminuye la producción de sudor únicamente en la zona tratada.

Uno de los mitos más frecuentes es que, al dejar de transpirar por las axilas, el sudor aparece con mayor intensidad en otras partes del cuerpo. La dermatóloga aclara que eso no ocurre.

"El organismo no necesita compensar esa reducción haciendo que aparezca más sudor en otra parte del cuerpo. Las glándulas tratadas producen menos sudor y el resto del sistema continúa funcionando con normalidad", explica.

La especialista también destaca que no es necesario atravesar un cuadro severo para consultar. Muchas veces, el mayor impacto no está dado por la cantidad de sudor, sino por cómo esa situación condiciona la vida diaria.

El procedimiento es ambulatorio y consiste en múltiples aplicaciones distribuidas en la axila. Para minimizar las molestias, suelen utilizarse anestésicos tópicos o métodos de enfriamiento.

Los primeros resultados aparecen en los días posteriores al tratamiento y el efecto máximo suele observarse alrededor de las dos semanas. Sus beneficios pueden extenderse entre seis y doce meses, aunque la duración también varía según cada persona.

Antes de indicar el procedimiento, remarca Paniego, es indispensable realizar una evaluación médica para descartar situaciones en las que no está recomendado, como infecciones en la zona o determinadas enfermedades neuromusculares.

Como concluye Paniego, en muchos casos "la diferencia no siempre está en dejar de transpirar. A veces alcanza con dejar de organizar la vida alrededor de eso".

 
   

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