El 7 de septiembre de 1996, un accidente en la Ruta Nacional 12 terminó con la vida de Gilda y marcó para siempre la historia de la música tropical argentina. Treinta años después, su hijo Fabricio “Chio” Cagnin y tres integrantes del equipo de la cantante reconstruyeron los momentos de terror que siguieron al impacto.
Daniel De la Cruz, Ricardo Fuentes y Mario Riquelme viajaban en el micro y lograron sobrevivir. Los tres todavía conservan recuerdos precisos de aquella tarde lluviosa: el sonido de los fierros, la oscuridad, los gritos y la desesperación por conseguir salir.
Fabricio tenía apenas ocho años. En el accidente perdió a su mamá, a su hermana Mariel y a su abuela Isabel. Desde aquel momento debió aprender a convivir no solo con la ausencia de gran parte de su familia, sino también con el nacimiento del mito de Gilda.
En el colectivo viajaban 18 personas rumbo a Chajarí, Entre Ríos. Siete murieron: Gilda, su hija Mariel, su madre Isabel Scioli, el chofer Elvio Mazzucco y los músicos Quique Tolosa, Gustavo Babini y Raúl Larrosa.
El último viaje de Gilda
La jornada había comenzado como tantas otras dentro de la intensa rutina del grupo. Los músicos venían de presentarse la noche anterior y también habían participado de un programa de televisión. Por eso, gran parte de los pasajeros dormía mientras el micro avanzaba hacia Entre Ríos.
“Solíamos salir los jueves y regresar los martes. A veces estábamos entre cuatro y cinco días a la semana conviviendo en la ruta”, recordó Ricardo Fuentes en diálogo con Clarín.
Sin embargo, aquel día hubo una modificación inesperada en el recorrido. Antes de emprender el viaje, Gilda decidió pasar por el barrio porteño de Villa Devoto para buscar a su madre y a sus hijos, Fabricio y Mariel.
Según contaron sus compañeros, la artista solía llevar a los chicos cuando podía, pero su mamá nunca había viajado con la banda. Aquella fue la primera vez.
Afuera lloviznaba y la mayoría descansaba. Mientras el colectivo circulaba por el kilómetro 129 de la Ruta 12, un camión brasileño de carga invadió el carril contrario y chocó de frente contra el micro.
El impacto y los gritos en medio de la oscuridad
Daniel De la Cruz, trompetista de la banda, estaba durmiendo en una de las cuchetas cuando ocurrió el impacto.
Primero escuchó un golpe estremecedor. Después, el ruido de los fierros retorciéndose y un silencio que rápidamente fue interrumpido por gritos y pedidos de auxilio.
Aturdido y descalzo, consiguió salir caminando por la parte delantera del vehículo. También recordó un intenso olor a quemado, similar al del metal caliente.
Ricardo Fuentes se incorporó y descubrió que la trompa del micro había quedado completamente destruida. La violencia del choque había comprimido la carrocería hasta hacerla parecer un acordeón.
“Me di cuenta de que el micro terminaba donde estaba yo, en la mitad”, relató.
Un cambio de último momento en la distribución de las cuchetas fue determinante para su vida. Su cuñado había ocupado la cama que él usaba habitualmente, por lo que Ricardo terminó descansando en el pasillo.
Su familiar también sobrevivió, aunque sufrió una lesión en la médula y quedó en silla de ruedas.
La fuerza de Mario Riquelme para salir
Mario Riquelme quedó atrapado debajo de los pesados equipos de sonido. Después del impacto, todo se volvió oscuro y sintió que no podía moverse.
En medio de la confusión preguntó qué había sucedido y escuchó a Ricardo decir que habían chocado. La sensación de encierro le provocó una desesperación tan grande que encontró una fuerza que todavía hoy no logra explicar.
Consiguió apartar los equipos que habían caído sobre su cuerpo y pudo salir del micro.
Los tres sobrevivientes coinciden en que aquella tarde parecía un día normal de gira. Nada permitía anticipar que estaban a punto de vivir una tragedia que conmocionaría al país y cambiaría sus vidas para siempre.
Fabricio, el hijo de Gilda que sobrevivió al accidente
Entre quienes lograron sobrevivir también se encontraba Fabricio “Chio” Cagnin, el hijo menor de la cantante.
Tenía ocho años cuando despertó después del impacto. Su primer recuerdo es el cielo y un escenario irreconocible a su alrededor. En medio del operativo de emergencia, alguien se acercó y le hizo una pregunta que hasta entonces nunca había escuchado: “¿Sos el hijo de Gilda?”.
A partir de ese momento, dejó de ser solamente el hijo de Miriam Alejandra Bianchi para convertirse, ante los ojos de los demás, en “el hijo de Gilda”.
Lo que siguió fue un proceso de duelo atravesado por una enorme contradicción. Mientras Fabricio intentaba comprender la muerte de su mamá, su hermana y su abuela, la figura de la cantante comenzaba a crecer hasta transformarse en un fenómeno popular.
Escuchaba su voz en los comercios, los corsos, los boliches y hasta en los cantos de la hinchada de Vélez. Mientras el público celebraba sus canciones, él las asociaba con una pérdida devastadora.
“Había perdido a mi madre y me la encontraba en todos lados”, contó en una entrevista con MDZ. Durante años llegó a negar que fuera su hijo porque todavía no podía enfrentar aquella historia.
Cómo está hoy Fabricio, el hijo de Gilda
Con el paso del tiempo, Chio comenzó a transformar el dolor. Un momento decisivo fue su llegada a la paternidad, cuando tenía 24 años.
Actualmente formó una familia junto a su pareja, Brenda, y es papá de Delfina y Lucía. Desde pequeñas les habló de su abuela, les mostró fotografías y les contó también la historia de su tía Mariel.
Sus hijas crecieron escuchando las canciones de Gilda y conociendo a la mujer que existía detrás del personaje público. Para Fabricio, formar su propia familia significó recuperar una parte de aquello que había perdido durante su infancia.
La música también se convirtió en una herramienta fundamental para sanar. En 2022 lanzó su disco solista Estamos vivos, con composiciones inspiradas en su historia, el duelo y la resiliencia.
Una de sus canciones está dedicada a su hermana Mariel y otra habla del recorrido que va desde el vacío provocado por una pérdida hasta la posibilidad de volver a sentirse conectado con quienes ya no están.
Tres décadas después del accidente, Fabricio ya no se esconde ni evita los homenajes. Habla de su mamá en presente, reconoce cuánto la extraña y mantiene vivo su legado desde un lugar más amoroso.
También decidió impulsar la Gilda Fest, una celebración prevista para el 10 de octubre, un día antes del aniversario del nacimiento de la cantante. La propuesta reunirá diferentes géneros musicales y artistas invitados para recordar a Gilda desde la alegría.
Gilda, la mujer detrás del mito
Los recuerdos de su hijo y de los integrantes de la banda permiten reconstruir no solo a la artista, sino también a Miriam Alejandra Bianchi.
Durante las giras compartía con sus compañeros viajes interminables, comidas, mates, juegos de truco y celebraciones lejos de sus familias. Debajo del escenario era una más del equipo, aunque mantenía una enorme disciplina profesional.
Podía realizar decenas de presentaciones en pocos días y no se retiraba hasta haber firmado el último autógrafo. Para ella, el vínculo con el público era central: actuaba con la misma entrega ante miles de personas o frente a un grupo reducido.
Gilda también utilizaba sus canciones para transmitir mensajes de independencia y fortaleza. Antes de interpretar algunos temas, hablaba directamente con las mujeres y las alentaba a no permitir malos tratos, defender sus decisiones y no arrepentirse de haber amado.
En una de aquellas giras confesó uno de sus mayores temores: no quería pasar de moda.
La historia demostró lo contrario. Treinta años después de su muerte, sus canciones continúan sonando, atraviesan generaciones y la mantienen como una de las figuras más queridas de la cultura popular argentina.
El accidente terminó con su vida cuando tenía apenas 34 años, pero su hijo, sus compañeros y el público continúan preservando el legado de una artista que logró convertir sus canciones en himnos.

