Hablar de sexo no es hablar solamente de genitalidad, prácticas o posiciones. Detrás de cada encuentro sexual hay deseos, emociones, expectativas y mandatos que influyen en la manera en que cada persona vive su sexualidad.
A propósito del Día Mundial del Sexo Oral, que se conmemora cada 6 de septiembre en alusión a la posición 69, el psiquiatra y sexólogo Walter Ghedín propone ampliar la mirada: “El sexo está incluido en una experiencia mayor y más completa que es la sexualidad”.
Para el especialista, las prácticas sexuales tampoco pueden entenderse únicamente desde la biología. “Las poses y las demás prácticas sexuales se ven influidas por patrones sociales y culturales y no son meros modelos determinados por el acople y la biología”, explica.
En ese sentido, el encuentro sexual involucra mucho más que los cuerpos: “Los seres humanos somos sujetos que deseamos y contamos con capacidades emocionales para convertir el sexo en una experiencia más completa, con impacto en el área emocional”.
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Cuando el placer se convierte en rendimiento
A pesar de los cambios que atravesó la sexualidad en los últimos años, Ghedín advierte que todavía persisten modelos de relación ligados al rendimiento y al éxito.
“Siguen imperando modelos de relación que responden a patrones de rendimiento y éxito”, sostiene.
Y ahí aparece una de las principales dificultades: “Cuesta considerar que el valor del encuentro y el disfrute está muy por encima de la genitalidad y de conseguir el orgasmo como objetivo”.

La presión por responder a determinadas expectativas puede transformar el encuentro sexual en una suerte de examen. “Hay que complacer”, “hay que cumplir”, “tengo que ser atractivo”, enumera el especialista como algunas de las premisas que todavía pesan sobre la sexualidad.
Para Ghedín, el aumento de los problemas y disfunciones sexuales puede leerse también desde esta perspectiva: cuando el placer queda subordinado a la obligación de rendir, la ansiedad termina ocupando un lugar central.
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Más información, pero también nuevas exigencias
El especialista reconoce que hubo transformaciones positivas en la manera de hablar y vivir la sexualidad. “Los cambios positivos responden a una mayor información sobre sexualidad, la comunicación más abierta entre padres e hijos, entre los jóvenes y en las parejas”, señala.
También destaca transformaciones sociales que permitieron ampliar las posibilidades de elección: “Las mujeres defienden la autonomía y el derecho a decidir sobre sus cuerpos, los colectivos LGTBIQ visibilizan sus diferentes modos de vivir y sentir la sexualidad”.
Sin embargo, esos avances conviven con resistencias. “Todavía existe resistencia a los cambios, tratando de sostener un modelo de sexualidad que solo favorece a la represión, a limitar la comunicación e incentivar el rechazo a las diferencias”, advierte.
Y agrega una definición contundente: “La represión del deseo no es gratuita, tampoco sostener un modelo de corrección ante los ojos de los demás. Lo reprimido se convierte en síntoma”.
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Redes sociales: la presión por estar a la altura
Las redes sociales sumaron otra capa de exigencias. La exposición permanente de cuerpos, relaciones y modelos de seducción puede generar la sensación de que siempre hay que estar a la altura de aquello que se muestra.
Ghedín habla de una “hipersexualización en las redes que incita a tener en forma rápida más habilidades de conquista”, especialmente entre los jóvenes.
Pero la conquista, plantea, no funciona como una habilidad que pueda adquirirse de manera instantánea: “Es un proceso que requiere tiempo y autoconocimiento”.
La presión también alcanza al cuerpo y al desempeño sexual. “El afuera actual incita y presiona para seguir con sus propuestas de moda —hay que estar a la altura de lo que se muestra—, dotadas de exigencias al cuerpo y al rendimiento sexual”, sostiene.

En ese contexto, incluso la construcción de la propia identidad puede quedar condicionada por modelos externos: “La construcción del mundo propio se ve dominado por las pautas externas amplificadas por las redes y la IA”.
Ghosting, orbiting y breadcrumbing: nuevas formas de vincularse
Las transformaciones en la sexualidad también conviven con nuevas maneras de establecer y terminar vínculos. Ghedín menciona fenómenos cada vez más conocidos en las relaciones mediadas por las redes.
El ghosting aparece cuando alguien se compromete con el otro y luego desaparece. El orbiting consiste en “orbitar” en la vida de una persona para saber cómo continúa su vida, mientras que el breadcrumbing implica “tirar migajas”, es decir, demostrar cierto interés que nunca termina de convertirse en una relación.
Para el especialista, estas conductas forman parte de un escenario donde el vínculo puede quedar atrapado entre expectativas, ilusiones y falta de compromiso.
“El denominador común es la mentira, la falta de compromiso, generar una ilusión de continuidad del vínculo cuando ya se sabe que no será así”, explica.
Ghedín también menciona a los llamados “célibes involuntarios” o incels, jóvenes que no se sienten atractivos y creen que las mujeres eligen otro tipo de hombres.
Los problemas sexuales más frecuentes
Frente a este escenario, Ghedín identifica cinco factores que pueden estar detrás de los problemas sexuales más frecuentes:
1. Información errónea, mitos e ideas rígidas.
La falta de información o las creencias equivocadas sobre la interacción sexual y social pueden condicionar la experiencia.
2. Culpa y ansiedad.
“Culpa y ansiedad inconscientes relacionadas con el sexo” pueden interferir en el deseo y el disfrute.
3. Ansiedad o apuro por consumar el acto.
La necesidad de llegar rápidamente al encuentro sexual puede aumentar la presión y dificultar la conexión con las propias sensaciones.
4. Escaso registro del cuerpo.
Ghedín señala la importancia de prestar atención a “las sensaciones que provienen de él”, en lugar de quedar concentrados exclusivamente en el desempeño.
5. Falta de comunicación en la pareja.
Hablar de “deseos, preferencias, fantasías, emociones” resulta fundamental para construir una experiencia sexual compartida.
Una sexualidad que no sea una prueba
En tiempos en los que la sexualidad está cada vez más expuesta, el desafío parece ser recuperar el espacio para el deseo propio por fuera de las exigencias externas.
La mirada de Ghedín propone correr el foco de la genitalidad y del rendimiento para volver a pensar el sexo como parte de una experiencia más amplia. Porque cuando el encuentro se transforma en una obligación de cumplir, complacer o demostrar algo, el placer puede quedar justamente en segundo plano.
El objetivo, entonces, no sería alcanzar un determinado modelo de sexualidad sino poder construir una experiencia propia, basada en el autoconocimiento, la comunicación y el disfrute.



